La santidad de la Tierra Prometida: limpiar el terreno para que florezca la vida

Hoy quiero regalarte una idea que puede ser un espejo útil: así como el pueblo de Israel recibió la misión de entrar a la Tierra Prometida y limpiarla de ídolos, nosotros también recibimos una “tierra” en la que habitar: nuestra vida, nuestra mente, nuestro corazón. Lo comparto porque a mí me ayudó a darme cuenta…

Hoy quiero regalarte una idea que puede ser un espejo útil: así como el pueblo de Israel recibió la misión de entrar a la Tierra Prometida y limpiarla de ídolos, nosotros también recibimos una “tierra” en la que habitar: nuestra vida, nuestra mente, nuestro corazón. Lo comparto porque a mí me ayudó a darme cuenta de que no puedes sembrar algo sagrado si no arrancas antes lo que contamina el suelo.

La Torá es clara: “Derribarás sus altares, romperás sus piedras, quemarás sus ídolos” (Devarim 12:3). La enseñanza es firme y radical: la santidad no puede convivir con la idolatría. Si quieres un espacio puro, debe serlo completamente. No se trata de intolerancia cultural, sino de proteger el alma de la contaminación espiritual. La Tierra Prometida tenía que ser un lugar distinto, un espacio donde la presencia divina fuera el centro.

Rashi explica que la orden de destruir los ídolos no era caprichosa: los símbolos paganos ejercían fascinación y podían desviar al pueblo. Y si vemos la historia, tiene sentido: cuántas culturas se derrumbaron porque sus “dioses” —el poder, el dinero, el ego— acabaron devorándolos desde dentro. Hoy también tenemos ejemplos cercanos: personas que, al soltar adicciones, dependencias o relaciones tóxicas, pudieron rehacer su vida en paz. Eliminar un “ídolo” abre espacio para algo más sano y luminoso.

Yo también he sentido esa lucha: querer avanzar, pero con “ídolos” que me jalan hacia atrás. No hablamos de estatuas de piedra, sino de hábitos que nos esclavizan, pensamientos que nos sabotean o metas vacías que nos distraen. Y sé que a ti también te ha pasado: querer ser mejor, pero descubrir que primero hay que derribar lo que estorba. No estamos solos en esa batalla; es parte de lo humano.

Maimónides enseña en Hiljot Avodá Zará que la idolatría es la raíz de la desconexión espiritual. Y la psicología moderna lo confirma con otro lenguaje: no se puede construir una identidad plena si al mismo tiempo albergamos creencias que nos sabotean. El cerebro no tolera vivir en dos lealtades opuestas. La pedagogía de la Torá fue sabia: destruir los ídolos era el primer paso antes de construir una nación con propósito.

La pregunta es: ¿qué haces tú con tu “tierra prometida”? Porque el tiempo corre. Cada día que dejas crecer un “ídolo” en tu vida (miedo, ego, distracciones), ocupa un espacio que debería estar lleno de bendición. Y lo urgente es que no se puede posponer eternamente: la santidad no florece en terreno contaminado.

👉 Hoy es el momento de decidir: ¿qué ídolo necesitas derribar en tu vida para que tu Tierra Prometida se convierta en un espacio sagrado y fértil?

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