Quiero comenzar regalándote una herramienta que puedes usar desde ahora mismo: apreciar de verdad lo que ya tienes y reconocer tu completitud actual. No importa cuán avanzado estés en tu camino espiritual; si no practicas esto, siempre sentirás que te falta algo.
La apreciación y la conciencia de completitud no son “detalles bonitos”, son la base para que la Luz fluya en tu vida. La Kabbalah enseña que la Luz se manifiesta en recipientes llenos, y que la sensación de falta cierra el canal. Cuando reconoces la plenitud en lo que ya eres y tienes, tu energía se alinea con la abundancia y el flujo se abre.
Lo vemos en todas las tradiciones espirituales. El “Mode Aní” con el que el judaísmo empieza el día, las oraciones de gratitud en el cristianismo, o el “metta” del budismo… todas apuntan a lo mismo: comenzar reconociendo lo que ya está bien, antes de pedir más. Las personas que lo practican de manera constante no solo se sienten más felices, sino que también atraen más bendiciones.
Te entiendo, porque yo también he sentido esa impaciencia. Es fácil pensar: “cuando logre esto, me sentiré completo”. El problema es que, sin conciencia de completitud, incluso cuando alcanzamos la meta, la sensación de vacío regresa. Y ahí está la trampa: nos volvemos eternos buscadores que nunca disfrutan lo que encuentran.
En mi experiencia como practicante y maestro de Kabbalah, he visto cómo personas que incorporaron esta práctica transformaron por completo su vida espiritual. Al hacer un inventario diario de lo que valoran, dejaron de vibrar en carencia y empezaron a vivir en un estado natural de abundancia. Y curiosamente, fue ahí cuando más puertas comenzaron a abrirse para ellos.
La urgencia es real: vivimos en una cultura que nos entrena para ver lo que falta y compararnos con otros. Si no elegimos conscientemente cambiar este patrón, pasaremos la vida persiguiendo una plenitud que ya estaba en nosotros desde el inicio. Hoy es el momento de parar, mirar alrededor y decir: “Esto es suficiente… y estoy listo para más”.

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