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El Origen de las Almas de Nuestra Generación y su Conexión con el Cuerpo de Adam

Quiero empezar dándote un regalo de valor: si alguna vez te has preguntado “¿por qué siento que cargo luchas que no son solo mías?”, la respuesta puede estar en una verdad espiritual muy antigua: todas las almas de nuestra generación provienen de una misma raíz, el cuerpo de Adam HaRishón, el primer ser humano. Según…

Quiero empezar dándote un regalo de valor: si alguna vez te has preguntado “¿por qué siento que cargo luchas que no son solo mías?”, la respuesta puede estar en una verdad espiritual muy antigua: todas las almas de nuestra generación provienen de una misma raíz, el cuerpo de Adam HaRishón, el primer ser humano.

Según la Kabbalah, el alma de Adam no era solo de él: era una gran alma colectiva que contenía a todas las almas que existirían. Cuando Adam cayó, esa unidad se fragmentó en incontables chispas, cada una encarnando en diferentes generaciones. Mi tesis es clara: nosotros, hoy, somos las almas que habitan el último tramo de ese cuerpo —los pies y los talones— y nuestro trabajo es terminar la corrección espiritual que empezó hace miles de años.

Las fuentes lo respaldan: el Zóhar enseña que el cuerpo de Adam es un mapa espiritual de toda la humanidad, y que cada generación corresponde a una parte distinta de ese cuerpo. Las primeras generaciones trabajaron la “cabeza” (sabiduría), otras el “corazón” (emociones) y otras las “manos” (acción). Nosotros, en cambio, estamos en la parte más baja, la que pisa la tierra: los pies.

¿Y qué significa esto para ti y para mí? Que vivimos más cerca que nunca del mundo de Maljut —la dimensión física— y, por lo tanto, más expuestos a las tentaciones, distracciones y trampas del Satán. Pero también que tenemos la oportunidad única de cerrar el ciclo. Lo que hagamos ahora no solo afecta a nuestra vida, sino que libera a todas las almas conectadas a esta raíz.

Sé que es fácil sentirse abrumado por la responsabilidad. Yo también lo he sentido. Pero recuerda que no estás solo: todos los que compartimos este tiempo histórico estamos, de alguna manera, “pisando juntos” el mismo terreno espiritual. Y así como en un cuerpo los pies pueden mover todo el organismo, nuestras acciones ahora pueden elevar a toda la humanidad.

Como estudiante y practicante de Kabbalah, he visto cómo personas que entendieron esta conexión dejaron de verse como víctimas de las circunstancias y empezaron a actuar como protagonistas del cierre de un gran ciclo. Transformaron la frustración en propósito, el peso en impulso.

La urgencia es clara: somos la última generación del “cuerpo de Adam”. Cada día que pasa es una oportunidad que no regresa. Si usamos este momento para elevarnos, no solo habremos cumplido nuestra misión personal, sino que habremos liberado una herencia espiritual que miles de almas han esperado que concluyamos. Y eso, amigo mío, es un honor que no podemos dejar pasar.

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