¿Alguna vez pensaste que ya era tarde para cambiar? ¿Que hiciste demasiado daño, o que habías perdido tu oportunidad espiritual?
Si es así, este texto es para ti. Porque Vaetjannán y la Kabbalah nos enseñan algo profundamente liberador: no hay nadie que esté demasiado lejos del Árbol de la Vida. Nadie. Ni tú. Ni yo. Ni el peor criminal.
Y para ilustrarlo, tenemos una historia poderosa. Una historia real. Una historia que abre puertas cerradas.
Durante la Revolución Rusa, el gran sabio Jafetz Jaim vivía en un pueblo donde, de pronto, los revolucionarios liberaron a todos los criminales. Entre ellos, un tal Moshé: ladrón, asesino y temido por todos. Un hombre que, para la mayoría, ya no tenía remedio.
Pero no para el Jafetz Jaim.
Él lo saludó con un simple y profundo “Shabbat Shalom”. Lo invitó a la seudá shelishit, la tercera comida de Shabbat. Y le compartió una enseñanza de Génesis:
“El Árbol de la Vida fue plantado en medio del jardín, para que todos pudieran llegar a él desde cualquier dirección, sin importar desde dónde vinieran.”
Esa frase, aparentemente simple, encierra una verdad que puede cambiar una vida entera.
Jafetz Jaim le habló a Moshé como quien habla a un alma, no a un expediente criminal. Le dijo:
“Si tú decides alimentar a las 42 familias que yo sostengo, yo te prometo que alcanzarás el Árbol de la Vida.”
Y Moshé, conmovido, aceptó. Y cumplió.
¿El resultado? No fue solo un cambio de conducta. Fue una revelación: el poder de la compasión activa transforma vidas. No basta con filosofar sobre el bien. Hay que encarnarlo.
Esa es la enseñanza de Vaetjannán: la Torá y el Árbol de la Vida no son para los puros… son para los que deciden transformarse.
Lo maravilloso de esta historia es que no es única. Está llena la historia espiritual de almas que eran consideradas “perdidas” y que, gracias a un acto de compasión, despertaron su chispa divina.
Es lo que Rav Berg enseñaba todo el tiempo: “No me importa lo que hayas hecho. Me importa quién estás dispuesto a ser.”
¿Y tú? ¿Estás dispuesto a darte una nueva oportunidad? Porque si Moshé pudo… tú también puedes. Y no estás solo. Muchos hemos caminado desde la oscuridad hacia el Árbol de la Vida. Solo hace falta una cosa: decidir caminar.
No te juzgues si alguna vez sentiste que habías fallado demasiado, que ya no valías espiritualmente, o que no estabas “a la altura”. Todos hemos sentido eso.
Pero ese pensamiento viene del Lado Negativo. Porque la Luz no discrimina. La Luz espera. Y el Árbol de la Vida no está en la cima de una montaña… está en medio del jardín, para que tú también llegues.
Hoy no necesitas tener todo resuelto. Solo necesitas dar un paso. Una acción concreta. Una elección con el corazón.
El Zóhar, la Kabbalah y la tradición mística judía enseñan que el Árbol de la Vida representa la conexión con la Luz del Creador: salud, propósito, claridad, vitalidad, conciencia superior.
Pero no se accede solo con estudio o meditación. Se accede con acción, con actos que alinean el alma con la Luz.
“Está escrito: el Árbol de la Vida es para los que la toman. Y felices los que se aferran a ella.” (Proverbios 3:18)
Tú puedes tomarla. No necesitas ser perfecto. Solo estar dispuesto.
Vivimos tiempos donde abundan los juicios, las etiquetas, los “cancelados”. Y la compasión profunda —la que transforma— es más urgente que nunca.
Si tú despiertas, ayudas a despertar a otros. Si tú te transformas, rompes cadenas que tal vez nadie más puede romper. Y si tú eliges amar, aunque el mundo te diga que no vale la pena… entonces estás plantando nuevos árboles de vida para todos.

No importa tu pasado. Importa tu presente.
No importa cuántas veces fallaste. Importa qué haces hoy.
Y hoy puedes decidir acercarte.
Una acción. Un paso. Una decisión de compasión hacia ti mismo y hacia los demás.
🌳 Tú también puedes llegar al Árbol de la Vida. El jardín está abierto. Y el camino comienza ahora.
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