“¿Y si tus palabras fueran hechizos? Spoiler: lo son.”

 “¿Y si tus palabras fueran hechizos? Spoiler: lo son.” ¿Alguna vez te ha pasado que dijiste algo sin pensarlo mucho, y pum… se cumplió? Como ese “¡ay, seguro me voy a enfermar!” y al día siguiente estás con gripa, sudando como pollo en rosticería. O ese “yo nunca volvería con mi ex” y tres semanas…

 “¿Y si tus palabras fueran hechizos? Spoiler: lo son.”

¿Alguna vez te ha pasado que dijiste algo sin pensarlo mucho, y pum… se cumplió? Como ese “¡ay, seguro me voy a enfermar!” y al día siguiente estás con gripa, sudando como pollo en rosticería. O ese “yo nunca volvería con mi ex” y tres semanas después, ahí estás, tomándote un cafecito con cara de “bueno… es que cambió”.

Pues déjame decirte algo poderoso: tus palabras son energía, y cada vez que hablas, estás moviendo piezas en el tablero del universo. No es choro místico nomás por sonar profundo. Es real. Y hoy vamos a hablar de eso: del poder loco y maravilloso que tiene tu palabra, y de por qué hay que usarla con más conciencia que un Jedi con sable nuevo.

🧠 Imagínate esto…

Tu palabra es como una tarjeta de crédito cósmica. Cada vez que haces una promesa, das tu palabra o haces un voto (aunque sea chiquito, como “ya no voy a comer pan”), el universo dice:

“¡Listo! ¡Compra aprobada! Se generó energía.”

Pero… si luego no cumples, esa energía queda ahí volando, sin dueño. Como una pizza que pediste y nunca fuiste por ella. ¿Y sabes quién sí se la come? Pues… el Satán.

Sí, así como lo oyes. Ese caos, esa confusión, ese autosabotaje que aparece justo cuando te sentías más motivado. 😬

En Kabbalah, esto se llama crear una abertura energética. Es como dejar la puerta abierta y luego preguntarte por qué entró el frío o por qué tu gato se fue.

🗣️ Lo que dices te construye (o te sabotea)

En la vida cotidiana somos bien buenos para hablar sin filtro:

– “Te lo juro por mi madre que ahora sí voy al gym.”

– “El lunes empiezo la dieta, ahora sí ya.”

– “Ya no le voy a escribir, lo prometo.”

Y no es que esté mal prometer. El problema es que no nos damos cuenta de que el universo SÍ NOS ESTÁ ESCUCHANDO. Y no solo escuchando… ¡grabando y ejecutando! 😮

Según la Kabbalah, cuando haces un voto (en hebreo se dice néder), estás mandando una orden desde este mundo (Maljut) hacia los mundos superiores (Biná, Zeir Anpín y compañía). Si cumples, ¡boom! Se completa el circuito, se ilumina la red energética, y tu alma se pone un punto de karma positivo. Pero si no… dejas la conexión abierta y se drena tu energía. Literalmente.

💡 ¿Y qué dice el Tao?

El Taoísmo tiene una frase que va como anillo al dedo:

“El sabio no habla. El que habla no es sabio.”

No significa que no debas decir nada, sino que hay que hablar con intención, como si cada palabra fuera una flecha que no puedes des-disparar. Porque en serio, no se trata de sonar zen, sino de cuidar lo que creas con tu lengua.

En Medicina Tradicional China, el órgano asociado con el habla es el corazón, a través del meridiano del Maestro del Corazón (también llamado Pericardio). Entonces… cuando hablas sin conciencia, es como si le gritaras a tu corazón y lo confundieras. ¿Te suena ese “me siento agotado emocionalmente”? Muchas veces viene de eso.

🛠️ Entonces… ¿qué hacer?

No se trata de volverte monje del silencio, sino de hablar menos desde la emoción y más desde la conciencia. Aquí van unos tips prácticos:

No prometas lo que no vas a cumplir. Ni por compromiso, ni por quedar bien. Habla con claridad. Si no estás seguro, mejor di: “voy a intentarlo”, en lugar de “te lo prometo”. Sé constante, no impulsivo. Es mejor un paso firme diario que una carrera loca de un día y luego nada. Reconoce tu energía incompleta. Si hiciste promesas que no cumpliste, haz limpieza energética: reconócelas, perdónate, y haz algo pequeño para cerrar ese ciclo.

La próxima vez que hables, piensa que estás escribiendo en tu propia alma. Cada palabra tuya es un decreto, un pincelazo en el lienzo invisible de tu realidad. No se trata de hablar bonito nomás pa’ sonar elevado… se trata de hablar con intención, verdad y corazón.

Porque cuando usas tu palabra como herramienta de Luz —y no como arma de caos—, te conviertes en creador de armonía, no de confusión.

Y créeme, el mundo necesita más guerreros del verbo consciente.

Así que ya sabes, compa: tus palabras valen más que el oro. ¡Úsalas como si fueran magia… porque lo son!

¿Te animas a decretar con amor y cumplir con alma?

✨🗣️🌳

Tags:

Deja un comentario