“Tu espejo camina en dos patas: Lo que ves en los demás es lo que aún no has sanado en ti”

Hubo una vez un profeta tan sabio que hablaba con Dios… pero tan ciego que ni siquiera pudo ver al ángel parado frente a él. ¿Quién lo vio antes que él? Su burra. Sí, así comienza esta historia. Y no es un chiste. Es una verdad tan profunda como una noche sin luna. Hoy quiero…

Hubo una vez un profeta tan sabio que hablaba con Dios…

pero tan ciego que ni siquiera pudo ver al ángel parado frente a él.

¿Quién lo vio antes que él?

Su burra.

Sí, así comienza esta historia. Y no es un chiste.

Es una verdad tan profunda como una noche sin luna.

Hoy quiero contarte, como si estuviéramos rodeando una fogata del alma, por qué ayudar a otros no solo es un acto de compasión…

sino una de las formas más sagradas de auto-corrección espiritual.

🐴 Biläm y la burra que vio lo que él no podía

Biläm era un profeta poderoso. De esos que, si te miraban con mala intención, podían causarte un daño solo con una palabra.

Pero su problema no era su poder…

era su ceguera interna.

Un día, montó su burra y se dirigió a maldecir al pueblo de Israel.

Iba convencido de que lo que hacía estaba justificado.

Tenía argumentos. Tenía razón. Tenía ego.

Pero en el camino, un ángel se le apareció para detenerlo.

Y Biläm, el gran vidente… no lo vio.

¿Quién sí?

Su burra.

Ella se detuvo, lo salvó… y él, sin entender nada, le pegó.

La Torah no puso esto como una simple escena cómica.

Lo hizo para mostrarnos que cuando no corregimos nuestros juicios internos, nuestra percepción se distorsiona más que la de un animal.

🪞 El otro no es el otro… eres tú

Cuando alguien nos molesta, nos desespera o nos lastima, es fácil señalar:

“Esa persona está mal.”

“Tiene que cambiar.”

“Está haciendo todo al revés.”

Pero la Kabbalah nos invita a hacer algo mucho más incómodo… y mucho más iluminador:

ver al otro como un espejo.

Sí, como una proyección de lo que tú mismo aún no has trabajado.

Una parte tuya que está pidiendo corrección…

pero en lugar de mostrarse en ti, se te presenta en la forma de otra persona.

Y eso, mi querido lector, es una gran oportunidad.

No para juzgar.

Sino para sanar desde adentro.

🛠 Ayudar no es caridad… es alquimia

El Báäl Shem Tov decía que cada vez que ayudamos a alguien, estamos en realidad ayudándonos a nosotros mismos.

No solo porque lo que damos vuelve (que sí lo hace)…

sino porque el otro viene a recordarnos lo que todavía no hemos corregido.

Esa persona que te pide paciencia, te está enseñando que aún no la dominas.

El que te saca de quicio, te muestra que aún hay fuego no transformado en luz.

La que te ignora, te enseña cuánto necesitas validación externa.

Y cuando tú decides actuar con compasión, en lugar de juicio…

empieza la verdadera corrección.

🧭 ¿Cómo sabemos qué corregir?

Muy simple:

Observa tus reacciones.

Lo que te dispara, te pertenece.

Lo que te duele, te habla.

Lo que no soportas… es justo donde tu alma quiere crecer.

Y la única manera de elevarte es servir desde la conciencia.

No por quedar bien.

No por sentirte superior.

Sino porque en el momento en que ayudas a otro con humildad…

estás limpiando tu propio canal de percepción.

Tal vez la razón por la que no ves claramente tu camino,

es porque estás enfocado en corregir los caminos de los demás.

Y tal vez, solo tal vez…

esa persona que hoy te irrita, te incomoda o te pide ayuda,

fue enviada para devolverte a ti mismo.

No para que lo cambies a él…

sino para que te recuerdes a ti.

Y en ese momento, como le ocurrió a Biläm,

hasta los ángeles comenzarán a revelarse.

Porque ya no estarás viendo con los ojos del juicio…

sino con la mirada del alma.

Tags:

Deja un comentario