El mendigo, el millonario y el secreto del Báäl Shem Tov: Cuando das, no ayudas al otro… te ayudas a ti

Hubo una vez un hombre muy rico que, con un gesto, podía cambiar vidas. Y también hubo una vez un mendigo que solo pedía un poco de tabaco… Lo que ninguno de los dos sabía, era que estaban repitiendo un encuentro sagrado… uno escrito por el cielo mucho antes de nacer. Ven, siéntate conmigo. Hoy…

Hubo una vez un hombre muy rico que, con un gesto, podía cambiar vidas.

Y también hubo una vez un mendigo que solo pedía un poco de tabaco…

Lo que ninguno de los dos sabía, era que estaban repitiendo un encuentro sagrado… uno escrito por el cielo mucho antes de nacer.

Ven, siéntate conmigo.

Hoy te quiero contar una historia que el Báäl Shem Tov —ese gran maestro de almas y misterios— solía contar no con palabras… sino con ejemplos vivos.

Una historia que parece simple…

pero guarda un secreto sobre el dar, el juicio espiritual… y sobre cómo todo lo que damos (o negamos) vuelve a nosotros con la misma intención con la que salió.

🕯 El mendigo que había sido millonario

Todo comenzó cuando un hombre pobre llegó a la casa del Báäl Shem Tov.

Iba con la ropa raída, los ojos cansados, y la esperanza baja pero viva.

—“¿Podría darme cinco rublos?” —preguntó con voz temblorosa.

El asistente del Báäl Shem Tov se escandalizó.

—“¡Cinco rublos! Eso es mucho. El maestro siempre da 18 monedas. No más.”

Pero el mendigo insistió:

—“Yo antes era rico. Y cuando lo era, nunca negué una moneda a ningún necesitado. Hoy que lo he perdido todo, no estoy pidiendo caridad. Solo estoy pidiendo que el universo me devuelva lo que yo sembré.”

Silencio.

Y en ese momento, el Báäl Shem Tov apareció en la puerta.

Lo había escuchado todo.

👀 El juicio del cielo

El Báäl Shem Tov miró al mendigo con ojos profundos como pozos de luz, y le preguntó con calma:

—“¿Quieres saber por qué perdiste todo tu dinero?”

El hombre tragó saliva.

Asintió.

—“Un día, cuando eras el más rico de la ciudad, en Iom Kippur —el día más sagrado— repartiste tabaco a toda la sinagoga, como era tu costumbre. Pero hubo un hombre… un alma simple, sin un centavo, sin ropa decente, sin dientes… que se acercó a ti y te pidió un poco también.

Tú lo miraste de arriba abajo, y pensaste:

‘Este hombre ni siquiera merece tocar lo que yo tengo.’

Y le negaste el tabaco.

Ese pequeño gesto, que tú pensaste que no tenía importancia, subió al cielo como una acusación.

Porque ese hombre no solo estaba ayunando en Iom Kippur. Estaba ayunando todo el año.

Y en ese momento, los ángeles dijeron:

“¿Cómo puede este hombre rico negar lo que él mismo recibió como préstamo del cielo?”

Y el juicio fue claro:

Todo lo tuyo pasaría a él.

🔁 El reencuentro

—“¿Y cómo puedo revertir esto?” —preguntó el mendigo.

El Báäl Shem Tov sonrió.

—“Si ahora tú le pides algo a ese hombre, y él te lo niega con el mismo desprecio… todo volverá a ti.”

El mendigo fue en busca del ahora rico.

Lo encontró rezando, caminando, trabajando…

Y en cada ocasión le pedía:

—“¿Me darías un poco de tabaco?”

Y el nuevo rico, siempre respondía con dulzura:

—“Si lo estás pidiendo, es porque lo necesitas.”

Y le daba.

Pasaron días, semanas… hasta que llegó el día de la boda de la hija del hombre rico.

En medio del baile, de la alegría, de la música, el mendigo se acercó una vez más.

—“¿Podrías darme un poco de tabaco?”

Todos esperaban que el hombre perdiera la paciencia.

Pero no.

Respondió igual:

“Si lo estás pidiendo, es porque lo necesitas.”

El mendigo se desmayó.

✨ El giro del alma

Cuando despertó, le explicó todo.

La historia. El juicio. El reencuentro. La enseñanza del Báäl Shem Tov.

El hombre rico quedó en silencio, tocado hasta lo más profundo.

Y dijo:

—“Si el maestro dijo que el dinero es tuyo… lo compartiré contigo.

Pero con una condición:

Nunca más niegues algo a quien te lo pida.

Porque cuando das, no estás ayudando al otro… te estás ayudando a ti mismo.”

💬 ¿Y qué nos enseña esta historia?

Nada de lo que damos se pierde. Todo queda registrado en la conciencia del universo. El juicio espiritual no es castigo… es corrección. Lo que niegas con el corazón cerrado, la vida te lo reclama después para abrirlo. El dar no es un acto de superioridad. Es un privilegio. Una bendición que se te permite hacer para recordarte que tú también has recibido.

No importa cuánto tengas hoy.

No importa si eres el que da o el que pide.

Lo que importa es desde dónde lo haces.

Porque el juicio no está en la cantidad que das…

sino en la intención que lo sostiene.

Y quizás, ese que hoy te pide algo, es el mismo que en otra vida te lo dio todo sin preguntar.

Así que da.

Y da con amor.

Porque cuando das de corazón abierto…

estás reescribiendo tu destino.

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