Ver con el alma: Cuando los ojos mienten y solo el corazón dice la verdad”

Hubo una vez un hombre que decía ver más que todos… pero ni con todo su poder fue capaz de ver lo esencial. El ángel estaba frente a él. Pero sus ojos, llenos de deseo, lo ignoraron. Esta historia no es de ciencia ficción ni de fantasmas. Es un relato antiguo, de esos que se…

Hubo una vez un hombre que decía ver más que todos… pero ni con todo su poder fue capaz de ver lo esencial.

El ángel estaba frente a él. Pero sus ojos, llenos de deseo, lo ignoraron.

Esta historia no es de ciencia ficción ni de fantasmas.

Es un relato antiguo, de esos que se cuentan al calor de la noche, cuando el alma se abre y el ego se calla.

Y aunque la Torah nos la comparte a través de un profeta llamado Biläm, en realidad habla de ti, de mí, y de todos los que alguna vez hemos confundido claridad con certeza… y verdad con conveniencia.

👁 El ver verdadero no ocurre en los ojos

Verás… (y digo “verás” no por cliché, sino porque de eso se trata), todos nacemos con ojos físicos.

Pero también con un ojo interno.

Ese que los sabios llaman la visión del alma.

Y ese ojo no tiene pupila, ni córnea, ni nervio óptico.

Tiene algo más potente: intención pura.

Cuando ese ojo está abierto, ves lo invisible.

Cuando está cerrado, ni el cielo entero podrá mostrarte lo que necesitas ver.

📜 El caso del profeta ciego que creía ver

Biläm era un hombre con visión espiritual.

Hablaba con Dios. Veía el futuro. Le llegaban mensajes celestiales.

Era de esos que todos en su época respetaban por su sabiduría.

Pero tenía un problema: solo veía lo que quería ver.

La Torah nos cuenta que, cuando iba en camino a maldecir al pueblo de Israel, un ángel apareció para detenerlo.

Pero… ¿adivina qué?

Biläm no lo vio.

¿Quién sí?

Su burro.

Sí, el animal lo vio primero.

Porque Biläm estaba tan envuelto en su deseo personal, en su búsqueda de reconocimiento, en su ego disfrazado de profeta…

que la percepción espiritual se le nubló.

Y eso, amigo mío, no es una fábula.

Es una advertencia.

🔄 La distorsión de la realidad por miedo o deseo

¿Te ha pasado que alguien te dice una verdad, pero tú la niegas porque no es lo que querías oír?

¿O que ves una situación y, aunque en el fondo sabes lo que está pasando, prefieres interpretarla de otra forma?

Eso es lo que el Zóhar llama percepción invertida.

Porque ver no es solo captar imágenes.

Es entender lo que hay detrás.

Y para eso se necesita algo muy escaso hoy en día: honestidad interior.

🧭 ¿Cómo se ve con el alma?

No necesitas cerrar los ojos, aunque eso ayuda.

Lo que necesitas es vaciarte un poco.

Quitarle el volumen al ego, al miedo, a la necesidad de tener razón o de controlar.

Y luego, hacerte preguntas como estas:

¿Estoy viendo esto como es… o como me conviene? ¿Estoy aceptando lo que siento… o tratando de evitarlo? ¿Estoy escuchando lo que el universo me muestra… o poniendo excusas?

Ver con el alma es decirse la verdad, aunque duela.

Es aceptar que, a veces, no sabemos.

Y que eso está bien. Porque solo el que se vacía, puede llenarse de Luz.

🔥 La Luz no se ve, se percibe

Mira, cuando hay demasiada luz, quedamos deslumbrados.

Y cuando hay oscuridad total, tampoco vemos.

Pero en el equilibrio —ese instante sutil entre sombra y claridad—, aparece la visión verdadera.

Esa que no te grita, no te empuja, no se impone.

Esa que susurra… y que solo el alma sabe escuchar

Todos creemos que vemos.

Pero pocos se atreven a mirar de verdad.

Y mirar de verdad es mirar hacia adentro.

Es reconocer que a veces la vida te puso un ángel frente a ti…

y tú no lo viste, por estar buscando otra cosa.

Pero no te castigues.

Agradece que estás despertando.

Porque ese despertar, esa chispita de conciencia que arde justo ahora mientras lees esto…

Eso ya es ver.

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