Hubo una vez un profeta que hablaba con Dios… pero no podía ver un ángel parado justo frente a él.
No era ciego. Solo estaba lleno de sí mismo.
Esta es la historia de Biläm. Pero también, si somos honestos, es la historia de todos nosotros.
Porque todos, alguna vez, hemos confundido nuestras propias ideas con la voz del alma.
Y hemos creído que escuchamos a Dios… cuando en realidad solo estábamos oyendo nuestro ego disfrazado de verdad.
👁🗨 Biläm: el profeta que veía, pero no miraba
Biläm era un profeta con dones reales.
Sí, el tipo podía ver el futuro, recibir mensajes divinos, leer la energía como quien lee un libro abierto.
Pero el Zóhar dice que tenía un defecto fatal:
Su ego lo tenía atrapado. Y cuando el ego manda, ni el Cielo se puede meter.
Dios le dijo claramente:
“No vayas con ellos. No maldigas al pueblo, porque es bendito.”
¿Y qué hizo Biläm?
Lo reinterpretó.
Lo dobló.
Le cambió el sentido.
Le dijo a los mensajeros:
“Dios no quiere que vaya con ustedes… pero si me mandan ministros más importantes, tal vez sí”.
¿Te suena? Es como cuando uno escucha un consejo, pero solo retiene la parte que le conviene.
Eso, querido lector, es el ego en acción. Y no hay canal divino que aguante si lo usamos para justificar el deseo propio.
🪞El ego como distorsión espiritual
El ego tiene algo muy curioso: no solo nos hace creer que tenemos razón…
nos hace sentir iluminados mientras más perdidos estamos.
Es como si te pusieran unos lentes que solo enfocan tu reflejo, pero juras que estás viendo el mundo.
Y así le pasó a Biläm.
Cuando finalmente decide ir con los emisarios del rey Balak, aparece un ángel en el camino para bloquearlo.
Un ángel. Real. Espiritual. Imponente.
Pero Biläm no lo ve.
¿Quién lo ve?
Su burro.
Sí, su animal de carga percibía más que él.
Porque la Luz no entra en un vaso lleno.
Y Biläm estaba lleno de… sí, de sí mismo.
🔄 El ojo humano ve al revés
Aquí viene una joya de sabiduría que el Zóhar nos regala:
El ojo humano, físicamente, ve todo al revés.
Sí, lo que captamos con los ojos llega invertido, y el cerebro lo acomoda.
Pero la Kabbalah nos dice que esto no solo es biología.
Es símbolo.
Porque así funciona nuestra conciencia:
vemos distorsionado hasta que trabajamos espiritualmente para corregir la imagen.
Por eso es tan difícil ver la verdad.
Porque no se muestra como esperas.
Y si estás centrado en ti, si estás atrapado en la necesidad de tener razón o de sobresalir…
no verás al ángel. Aunque lo tengas enfrente.
🙏 La lección que Biläm nos dejó (aunque no quiso)
La Torah no cuenta esta historia para burlarse de Biläm.
La cuenta para despertarnos.
Para que reconozcamos que cuando estamos dominados por el ego, incluso la espiritualidad se contamina.
Podemos hablar bonito, usar palabras de luz, citar textos sagrados…
Pero si el corazón no está limpio, todo eso se vuelve un disfraz.
El problema no es el don.
El problema es la intención desde la cual lo usamos.
💬 ¿Y cómo salimos de esa trampa?
Aceptando que todos tenemos ego. Sí, todos. Hasta Moshé lo tuvo. La diferencia es que él sabía ponerlo en su lugar. Pidiendo ver con el corazón, no solo con los ojos. El alma ve lo que los ojos no pueden. Pero solo cuando la vaciamos de intereses personales. Aprendiendo a escuchar sin interpretar para nuestro beneficio. Si Dios te dice que no… no negocies. No rebajes el mensaje para que te convenga.
🔥 Cierra los ojos… y observa
A veces, para ver de verdad, hay que cerrar los ojos físicos.
Y preguntarnos:
¿Estoy viendo la realidad o mi deseo? ¿Estoy actuando por conexión o por validación? ¿Estoy escuchando al alma… o al ego con voz dulce?
Porque solo cuando dejamos de mirar hacia afuera y empezamos a mirar dentro,
descubrimos si estamos conectados…
o simplemente encandilados por nuestro propio brillo.
¿Y tú, estás dejando espacio para que entre la Luz… o estás llenándolo todo con tu reflejo?

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