—Una parábola kabbalística al calor de la fogata—
Hubo una vez un fuego que no sabía amar,
y un agua que no sabía brillar.
El fuego lo consumía todo con pasión. Era fuerte, impaciente, intenso, y todo lo que tocaba lo transformaba… pero también quemaba.
El agua, en cambio, era suave. Flotaba en calma, sabía escuchar, enfriar, calmar… pero también se desbordaba y apagaba todo intento de chispa.
Un día, ambos se encontraron frente a un hombre. Un hombre sediento, cansado, con el alma rota.
El fuego le dijo: “¡Tómame! Yo te daré energía, propósito, chispa. ¡Serás invencible!”
El agua le susurró: “Ven a mí. Te limpiaré, te calmaré. Te haré fluir, vivirás en paz.”
Pero el hombre no sabía qué hacer. El fuego lo inspiraba, pero lo asustaba. El agua lo aliviaba, pero lo adormecía. ¿Cómo podía elegir entre ellos?
Y fue entonces que apareció la Vasija.
🏺 La Vasija: el secreto que une lo imposible
No era nada espectacular. Solo una olla de barro viejo. Silenciosa. Vacía. Pero tenía algo que ni el fuego ni el agua poseían:
espacio para contener, combinar y transformar.
La Vasija miró al hombre y dijo:
“Si quieres beber algo que te nutra de verdad,
no puedes usar solo fuego ni solo agua.
Necesitas unirlos.
Pero para eso, hace falta alguien que pueda sostener la contradicción.
Ese alguien… eres tú.”
💡 Fuego = Conocimiento | Agua = Fe
En Kabbalah, el fuego representa el conocimiento: saber, entender, razonar, cuestionar, investigar, brillar con mente abierta.
El agua representa la fe: confiar sin ver, entregarse, aceptar lo invisible, disolverse en algo más grande.
El fuego sin agua quema.
El agua sin fuego enfría el alma.
Por eso el mundo necesita vasijas vivientes: personas capaces de unir lo que parece opuesto, de hacer paz entre extremos, de sostener el fuego sin quemarse y el agua sin ahogarse.
🌈 El equilibrio de la Columna Central
¿Has escuchado hablar de la Columna Central en la Kabbalah?
Es como un eje invisible que recorre toda la creación. No es blanco ni negro. No es derecha ni izquierda. Es el punto medio.
Tiféret, se llama.
El centro del Árbol de la Vida. El camino de Moshé.
El arte de caminar entre el fuego del conocimiento y el agua de la fe sin irte de lado.
Moshé no era solo un sabio ni solo un creyente.
Era la vasija perfecta.
Un hombre que podía recibir instrucciones sin entenderlas… y aún así seguir caminando.
⚖️ ¿Y qué pasa cuando elegimos solo uno?
Bueno… ahí está la historia de Kóraj.
Un líder carismático, lleno de conocimiento. Sabía mucho, cuestionaba todo. Pero no tenía vasija.
No tenía humildad para aceptar lo que no comprendía.
Quería solo fuego.
Y hay quienes hacen lo opuesto: se entregan a la fe ciega, a la espiritualidad sin cerebro. Repiten frases, siguen reglas, pero no se cuestionan nada.
Quieren solo agua.
Y en ambos casos… el alma se seca o se apaga.
El equilibrio se pierde.
Y la Luz no puede entrar.
✨ ¿Entonces qué hacemos?
Mira, no tienes que ser perfecto. Ni un mega sabio ni un iluminado de Instagram.
Solo tienes que empezar por convertirte en vasija.
🎯 Aprende algo nuevo, pero sin arrogancia.
🎯 Cree en algo más grande que tú, pero sin apagar tu pensamiento.
🎯 Escucha tu alma, pero también usa tu cerebro.
🎯 Toma decisiones con corazón… y con cabeza.
Y cuando no sepas qué hacer, repite esto:
“Hoy, no voy a elegir entre el fuego o el agua.
Voy a ser la vasija que los une.”
🔥💧 Reflexión alrededor de la fogata:
¿En qué momentos de tu vida has sido solo fuego?
¿En qué momentos solo agua?
¿Qué decisiones tomarías hoy si dejaras de pelear con tus opuestos y los hicieras trabajar juntos?
Porque al final, como decía Rav Brandwein:
“El Santo, Bendito sea Él, no encontró Vasija que pudiera contener bendiciones para Israel… excepto la paz.”
Y la paz… no es la ausencia de conflicto.
Es la presencia de equilibrio.
Es la unión sagrada del fuego y el agua.

Deja un comentario