Un relato sobre la verdadera cercanía, la que no se mide con pasos… sino con el alma.
Hubo una vez un hombre que oraba todos los días.
Se sentaba en la misma banca, a la misma hora, decía las mismas palabras. Veinticinco años seguidos.
Y un día, el Báal Shem Tov —ese sabio que veía lo invisible— se le acercó, lo miró con ternura y le dijo:
“Shalom Alejem” (la paz sea contigo).
El hombre frunció el ceño y respondió:
—“¿Por qué me saludas como si no me conocieras? ¡Me ves todos los días en la sinagoga!”
Y el Báal Shem Tov, con esa mirada que derrite corazas, le contestó:
“Sí… tu cuerpo está aquí. Pero tu alma… ¿dónde ha estado?”
🌌 Estar cerca no siempre es estar conectado
¿Te ha pasado?
Estás en casa, con tu familia… pero tu mente está en el celular.
Estás en clase… pero tu corazón está en lo que no dijiste ayer.
Estás en tu práctica espiritual… pero lo haces como quien lava los trastes.
Y ahí está la trampa: creer que presencia física = conexión real.
La Kabbalah nos dice otra cosa:
la cercanía verdadera se mide por la afinidad de forma con la Luz.
Es decir, qué tan parecidos somos —en intención, energía y conciencia— a esa Fuerza que todo lo da sin esperar nada.
🔦 ¿Qué es estar cerca de la Luz?
La Luz del Creador no es un lugar, ni una persona, ni un templo.
Es un estado.
Un nivel de conciencia donde:
Das porque quieres dar. Amas porque eliges amar. Brillas porque ya no necesitas validación externa para sentir que vales.
Y ahí, justo ahí, estás cerca… aunque estés en medio de la nada, aunque no haya nadie viéndote.
🧱 ¿Y qué nos aleja? Los muros invisibles
Hay gente que vive rodeada de otros, pero construyó castillos de hielo por dentro.
Muros que dicen:
“Ya no me vuelvo a entregar.”
“Nadie me va a volver a fallar.”
“No me vuelvo a ilusionar.”
Y esos muros… también nos separan de la Luz.
Porque no puedes conectarte con la fuente de todo lo bueno, si tienes el corazón amurallado.
✨ La afinidad de forma: el puente invisible
¿Quieres estar realmente cerca de alguien?
No corras a buscarlo.
No llenes el vacío con ruido.
Empieza por convertirte tú en un canal de Luz.
Porque la afinidad con la Luz es lo que crea unión verdadera.
Es lo que hace que puedas estar a kilómetros de distancia de alguien… y aún así, sentir que están juntos.
Y al revés: estar al lado de alguien y sentirte como en otro planeta.
Hay personas que te abrazan con el cuerpo… pero su alma ni se asomó.
Y hay otras que, con un mensaje, una mirada o un silencio… te abrazan con la Luz misma.
No se trata de dónde estás.
Se trata de quién estás siendo mientras estás ahí.
Así que la próxima vez que ores, ames, enseñes o abraces…
No solo pongas tu cuerpo.
Pon tu alma también.
🕯️ No necesitas estar más cerca físicamente. Solo necesitas estar más presente espiritualmente.
💬 ¿Con quién quieres volver a conectar desde el alma?
Comparte esta historia si sientes que alguien también necesita recordarlo.

Deja un comentario