Enfrenta a tu Satán donde más duele: El desierto es tu gimnasio espiritual

No huyas del vacío. Camina hacia él. Porque ahí, justo donde sientes que no puedes más, empieza tu poder real. El desierto no es solo un paisaje seco y polvoriento, es un estado del alma. Un lugar interno donde todo parece ausente: sin guía, sin respuestas, sin certezas. Y adivina qué… ahí es donde los…

No huyas del vacío. Camina hacia él. Porque ahí, justo donde sientes que no puedes más, empieza tu poder real.

El desierto no es solo un paisaje seco y polvoriento, es un estado del alma. Un lugar interno donde todo parece ausente: sin guía, sin respuestas, sin certezas. Y adivina qué…

ahí es donde los sabios iban a buscar al Creador.

Sí, los grandes kabbalistas no huían del Satán —lo iban a buscar directamente a su casa.

¿Te atreverías tú?

1. ¿Por qué los kabbalistas iban al desierto?

Porque sabían algo que el mundo moderno ha olvidado:

La Luz se revela donde parece no haber ninguna.

Los kabbalistas no buscaban templos cómodos, incienso, ni música relajante.

Iban al lugar más crudo, solitario y fuerte espiritualmente: el desierto.

¿Por qué?

Porque ahí mora el Satán.

Y el Satán no es un diablo con cuernos… es ese aspecto interno que sabotea tus sueños, que te llena de dudas, que te susurra:

“¿Quién eres tú para cambiar el mundo?”,

“¿Para qué lo intentas si siempre fallas?”,

“Mejor quédate donde estás.”

2. El Satán no es tu enemigo… es tu maestro incómodo.

El Satán representa la resistencia al cambio, la comodidad que nos mantiene chiquitos, las excusas que parecen sensatas pero son cárceles.

Y aquí va la bomba:

El Satán solo tiene poder donde tú no has despertado aún.

Por eso los sabios iban a enfrentarlo en su terreno. No porque fueran masoquistas, sino porque entendían que:

“Derrotar a tu oscuridad en tu punto más débil es lo que te vuelve invencible.”

3. El desierto es tu gimnasio espiritual.

Ahí no hay aplausos.

No hay likes.

No hay espejitos que te digan qué bonito vas.

Solo estás tú, tu Satán y la pregunta más importante de tu vida:

¿Quién quieres ser cuando nadie te ve?

Ese lugar de aparente sequedad es donde se construye el Tabernáculo interior.

Ahí donde no hay nada, puedes crearlo todo.

Ahí donde estás solo, te haces íntimo del Creador.

No necesitas más que eso.

4. ¿Cuál es tu desierto hoy?

Tal vez es esa relación que te confronta.

Tal vez es ese trabajo que ya no vibra contigo.

Tal vez es tu propio cuerpo gritando que lo escuches.

O tal vez es el silencio de tus oraciones no respondidas.

Sea cual sea, ese es tu lugar sagrado ahora.

No lo evites.

No lo tapes con distracciones.

Camina dentro de él como lo haría un guerrero de Luz.

No viniste a este mundo a buscar sombra, viniste a encender fuegos.

Y los fuegos más intensos solo se encienden en el desierto.

Ahí donde no hay nada… tú puedes serlo TODO.

Ahí donde otros retroceden, tú puedes erguirte.

Ahí donde la oscuridad reina, puedes declarar Luz.

El desierto es el portal.

El Satán es la prueba.

Y tú, alma valiente, eres el canal.

Hoy haz una pausa.

Identifica tu desierto personal.

Míralo de frente.

Y en vez de quejarte… declara: “Aquí construiré mi Tabernáculo”.

Tu transformación no empezará cuando todo esté listo.

Empezará cuando tú estés dispuesto a encender tu Luz en medio de la nada.

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