¿Quieres cambiar tu vida, abrir portales de abundancia y encender tu propósito? Hay una llave maestra que no falla:
Compartir. Pero no como te enseñaron… sino como lo hacía Avraham.
Sí, el patriarca. El alma gigante que activó la energía de Jésed (amor, bondad, dar incondicional), y cuya frecuencia todavía resuena cada vez que eliges dar desde el corazón, sin esperar nada a cambio.
Y no, no es poesía.
Es ley espiritual.
1. ¿Qué tienen en común Bemidbar (desierto) y Avraham? El número 248.
En Kabbalah, nada es casualidad.
El valor numérico de la palabra “Bemidbar” (desierto) y “Avraham” es 248. ¿Por qué importa esto?
Porque el desierto es el lugar de vacío, de prueba, de silencio.
Y Avraham es la energía que llena el vacío con Luz.
Cuando tú estás en tu desierto —esos momentos de sequía emocional, confusión, crisis— puedes hacer dos cosas:
Quejarte, cerrarte, buscar excusas. O… ser Avraham y compartir.
Y no me refiero a compartir likes o monedas que te sobran. Me refiero a dar desde el alma. A hacer espacio en ti para la compasión, aunque estés roto.
Eso es poder espiritual. Eso transforma realidades.
2. Compartir de verdad te hace invencible.
Mira, dar es fácil cuando todo está bien. Pero cuando estás en tu propio caos y aun así eliges dar…
¡pum! Se abren los cielos.
Avraham compartía sin esperar nada. Ni reconocimiento, ni favores, ni un gracias.
Compartía porque entendía que el Creador solo puede habitar en un canal limpio, abierto, generoso.
Y esa es la meta:
Convertirte en un canal de Luz.
No para sentirte “espiritual”, sino para ser útil, vivo, real.
3. La historia del hombre que se puso un traje de payaso y se ganó el Cielo.
Hay una historia brutalmente hermosa que lo resume todo:
Un hombre recaudaba dinero para ayudar a otros. Una noche, tras haber sido rechazado varias veces, un pobre llegó a pedirle ayuda.
Ya no le quedaba a quién pedir. Solo quedaba un rico tacaño, conocido por nunca dar.
Fue a buscarlo. El millonario, ebrio y burlón, le dijo:
“Te doy el dinero si te vistes de payaso y paseas por la ciudad.”
¿Y qué hizo el hombre?
Se puso el traje.
Lo ridiculizaron. Se burlaron. Lo señalaron.
Pero consiguió el dinero. Y el pobre comió.
Rav Aharón de Carlin dijo que si ese hombre era enterrado con ese traje, su alma iría directo al Jardín del Edén.
¿Por qué?
Porque ese hombre entendió el secreto más grande:
Compartir no es dar desde la comodidad. Es dar desde el alma, incluso cuando duele.
4. Tú también puedes ser como Avraham.
No necesitas millones, ni fama, ni una cuenta verificada.
Solo necesitas tener la voluntad de decir:
“¿A quién puedo ayudar hoy?”
“¿Qué puedo dar, aunque sea un poco de mi tiempo, mi atención, mi cariño?”
Cada vez que eliges dar con amor, aunque no te aplaudan, te alineas con Avraham, y con él… con la fuerza más poderosa del universo: la benevolencia divina.
Vivimos en un mundo que aplaude lo que tienes, pero la Luz responde a lo que das.
Y en estos tiempos donde todos buscan llenar, tú puedes ser el que da sin vaciarse, el que ilumina sin quemarse, el que activa milagros sin buscarlos…
Simplemente porque te convertiste en lo que viniste a ser:
Un canal de Luz. Un alma generosa. Una chispa de Avraham.
¿Te atreves a compartir como nunca antes? El mundo está esperando tu dar verdadero.

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