“No tienes que levantar la voz para ser escuchado. Ni endurecerte para que te respeten. El liderazgo más fuerte… es el que se atreve a ser tierno.”
¿Te ha pasado que confundes ser líder con ser duro?
Como si al tener un cargo, una responsabilidad, una meta, tuvieras que poner una coraza, hablar seco, decidir solo y exigir como si sintieras que se te va el control en cualquier momento…
Pero la verdad, y escúchala bien porque puede cambiar tu vida:
Un líder de verdad no necesita imponerse.
Se impone solo… con amor.
Eso es Jesed de Maljut:
Amor en Nobleza.
Y aquí te voy a enseñar cómo se ve en la vida real.
¿Qué demonios es Jesed de Maljut?
Es simple: imagina que tu nobleza, tu dignidad, tu liderazgo natural (eso es Maljut) está bañada por una energía cálida, generosa, afectuosa (Jesed).
No es una nobleza fría ni distante.
Es una que abraza, que escucha, que conecta.
Es ser rey o reina con corazón de mamá o papá amoroso.
Es tener autoridad sin perder la ternura.
Es inspirar obediencia sin miedo.
Es cuando tu sola presencia da paz, no tensión.
¿Te hace tu soberanía más afectivo?
Hazte esta pregunta en serio.
Porque si te “coronas” pero te aíslas, si diriges pero te vuelves inaccesible, si guías pero ya no acaricias ni conectas…
Entonces no es liderazgo, es ego disfrazado.
La verdadera realeza no separa, acerca.
Y para eso, hay que tener el corazón bien abierto.
No se trata de ser débil, se trata de ser humano.
Jesed de Maljut es eso:
Un liderazgo tan digno… que se atreve a ser cálido.
¿Ejerces tu autoridad con cariño o con imposición?
Hay personas que tienen autoridad y otros que solo la imitan.
La diferencia está en la energía:
El que impone, fuerza. El que lidera de verdad, inspira. El que manda por miedo, se queda solo. El que guía con amor, se rodea de personas leales.
Una simple regla de oro:
Si tienes que gritar para que te hagan caso, perdiste.
Pero si puedes hablar suave, y que te sigan con gusto,
ganaste para siempre.
¿Y entonces cómo aplico esto en mi día a día?
Hoy te invito a un acto de revolución silenciosa:
Haz algo amable para alguien que depende de ti.
Sí, tal cual.
Si eres maestro, dile algo lindo a tu alumno más callado. Si eres jefe, pregúntale de corazón a tu equipo cómo se sienten. Si eres mamá o papá, abrázalos más largo hoy. Si eres tú contigo… háblate con cariño, aunque hayas fallado.
Porque el amor no baja tu dignidad.
La enaltece.
¿Y qué pasa si me cuesta?
Es normal.
Si creciste pensando que el líder es el que manda, el que no duda, el que controla todo, cambiar esto puede ser incómodo.
Pero tu alma lo va a agradecer.
Porque en el fondo… tú ya sabes que lo que más te impactó en la vida no fue alguien que supo mucho, sino alguien que te amó bonito.
Última reflexión: ¿Y si todos lideráramos con amor?
Imagínate por un segundo cómo sería el mundo si cada líder—desde un presidente hasta un papá soltero, desde un maestro hasta un coach—se guiara por este principio:
“Mi dignidad es más fuerte cuando es amorosa.”
Seríamos imparables.
Y tú puedes ser el primero en comenzar esa ola.
Empieza contigo.
Y deja que se expanda.
¿Te atreves a ejercer tu liderazgo con ternura?
¿A convertir tu autoridad en una caricia para el alma de los demás?
Hoy es un gran día para hacerlo.

Deja un comentario