Descubre el fuego interior que surge cuando te permites conectar de verdad
¿Por qué a veces sentimos que estamos solos, aunque estemos rodeados de gente? ¿Por qué cuesta tanto abrir el corazón y decir: “sí, aquí estoy, dispuesto a vincularme”… aunque por dentro anhelemos con todas nuestras fuerzas un verdadero lazo de alma a alma?
La respuesta está en un concepto profundo y poderoso que vibra en tu interior: Iesod de Iesod — Vinculación en Vinculación.
Y si no lo has escuchado nunca, prepárate. Porque esto no es cualquier cursito de motivación barata. Esto es el núcleo espiritual de tu capacidad de conectar con otros, contigo mismo, y con la chispa divina que vive dentro de ti.
¿Qué es Iesod de Iesod?
Iesod (יסוד) en la Kabbalah es la energía de la conexión, el canal que une lo superior con lo inferior, lo emocional con lo físico, lo invisible con lo visible.
Ahora, cuando hablamos de Iesod de Iesod, estamos hablando de la conexión dentro de la conexión misma.
Es ese momento mágico donde no sólo estás “en una relación” con alguien o algo, sino que te entregas de verdad, te comprometes desde tu alma.
No se trata solo de vínculos románticos. Hablamos de tu relación con:
Tu vocación Tu cuerpo Tus emociones Tus proyectos Tus sueños Y, sobre todo, contigo mismo y con la Luz que te habita
¿Y si me cuesta vincularme?
Te entiendo. Todos, en algún punto, hemos sentido que algo nos impide dar ese paso profundo. Y puede que estés pensando:
“Sí me vinculo con mi trabajo, pero con la gente… uff, difícil”. “Confío en mis ideas, pero me cuesta vincularme con eventos importantes de mi vida, como una pérdida, una ruptura, un fracaso”. “Siento que me cerré por heridas del pasado, y no quiero que me lastimen otra vez”.
¡Claro que duele! El alma se protege cuando ha sido herida. Pero ¿sabes qué? También tiene una poderosa capacidad de sanar.
Y esa sanación ocurre cuando te atreves a vincularte otra vez, aunque tiemble todo tu ser.
¿Por qué me cuesta? Aquí algunas pistas
Tal vez eres demasiado perfeccionista y nada parece lo suficientemente bueno como para merecer tu entrega. Tal vez te aferraste tanto a ciertos hábitos que ya no hay espacio para nada nuevo. Tal vez confundiste la vulnerabilidad con debilidad, cuando en realidad es uno de tus mayores superpoderes. Tal vez, simplemente, te rompieron el corazón, y no sabes cómo volver a confiar.
Y aquí va la parte que quiebra todos esos muros internos:
Tú no estás roto. Estás vivo. Y los vivos… todavía pueden amar.
¿Qué hacemos con todo esto?
Primero: Reconoce que necesitas vincularte. Todos necesitamos relaciones que nos inspiren, experiencias que nos transformen, personas que nos eleven. No es debilidad. ¡Es diseño divino!
Segundo: Acepta tu historia sin juicio. Si te cerraste, fue por algo. Pero ese algo no tiene que seguir dictando cómo vives.
Tercero: Recuerda esta frase que te regalo hoy:
“No hay alma que no haya sido creada para vincularse. Y no hay alma que, al hacerlo, no despierte su verdadera grandeza.”
¿Y cómo empiezo? Con un solo paso.
Haz este ejercicio sencillo, pero profundo:
El Reto de Vinculación del Día:
Busca una persona (puede ser alguien nuevo o alguien con quien quieras re-conectar), o una experiencia importante para ti (puede ser retomar tu arte, empezar a escribir ese libro, comprometerte con tu cuerpo, con tu fe…).
Y dedica cada día, aunque sea 10 minutos, a nutrir esa vinculación.
Hazlo con conciencia. Hazlo con amor. Hazlo sabiendo que cada conexión profunda que cultivas es un paso más hacia tu propósito.
Recuerda esto:
La vinculación crea más vinculación.
Si te atreves a abrir un espacio de conexión en una parte de tu vida, eso abre las puertas para que otras también sanen y florezcan.
No tienes que tener todo claro. Solo tienes que dar el primer paso.

Hoy puede ser el día en que te reencuentres con el alma de otro.
Hoy puede ser el día en que dejes de protegerte… para empezar a vivir.
Hoy puede ser el primer día del resto de tu historia, pero esta vez, vinculado de verdad.
¿Te atreves?
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