¿Qué tipo de alma tienes? La sabiduría oculta detrás de los 10 niveles del alma

Había una vez un niño que miró al cielo una noche y le preguntó a su abuelo: —Abuelo, ¿por qué unas personas mandan, otras enseñan, algunas aman sin pedir nada, y otras sólo brillan en silencio? El abuelo, un hombre de mirada serena y barba blanca, tomó aire profundo y respondió: —Porque no todas las…

Había una vez un niño que miró al cielo una noche y le preguntó a su abuelo:

—Abuelo, ¿por qué unas personas mandan, otras enseñan, algunas aman sin pedir nada, y otras sólo brillan en silencio?

El abuelo, un hombre de mirada serena y barba blanca, tomó aire profundo y respondió:

—Porque no todas las almas son iguales, mi niño. Cada una nació de un lugar distinto del Árbol de la Vida.

Y así, mientras el fuego chispeaba entre ellos, empezó a contarle un secreto que pocos conocen…

La clasificación espiritual de las almas según las Sefirot.

¿De qué parte del Árbol viene tu alma?

En la Kabbalah, se enseña que el alma humana no es una sola energía genérica.

No, no, no.

Es un rayo único de Luz, una chispa específica que viene de una de las 10 Sefirot de Atzilut, el mundo de la emanación divina.

Cada sefirá representa una cualidad divina, y cuando un alma se forma, toma la energía de esa cualidad.

Y eso… marca todo tu viaje por este mundo.

Los 10 tipos de almas, según los grandes sabios

KÉTER – Gobernantes Almas que vienen del punto más alto, donde todo es voluntad pura. Son líderes por naturaleza, no porque busquen el poder, sino porque sienten el peso de la responsabilidad. Cuando uno de estos habla, el alma de los demás escucha. JOJMÁ – Sabios Estas almas no necesitan libros: saben. Su conexión con la sabiduría es tan profunda que pueden decir más con un silencio que otros con mil palabras. Vienen para encender la chispa de la conciencia. BINÁ – Inteligentes Son los que entienden. Lo racionalizan, lo explican, lo ordenan. Son como arquitectos del pensamiento. Tienen la misión de convertir la inspiración en estructura, el rayo en camino. JÉSED – Piadosos Estas almas llegaron para amar. Dan, abrazan, ayudan. Son la encarnación de la compasión. Uno las reconoce fácil: cuando estás cerca de ellos, te sientes en casa. GUEVURÁ – Poderosos Fuerza interna, disciplina, límites. No son autoritarios, son justos. Vienen a enseñar que decir “no” también puede ser un acto de amor. Que contenerse es una forma de cuidar. TIFÉRET – Hombres (y mujeres) de verdad Estas almas son armonía pura. Integran la fuerza con la compasión, la sabiduría con la humildad. Son bellas en su interior, porque llevan equilibrio a donde van. NÉTZAJ Y HOD – Profetas Almas visionarias. Algunas ven el futuro, otras sienten verdades ocultas. Tienen el don de la palabra, del arte, de la intuición. Su tarea: mostrar lo invisible a los que no lo pueden ver. IESOD – Justos Son los pilares invisibles del mundo. No hacen ruido, pero sostienen. Conectan a las personas con lo divino, unen, reconcilian. Son puentes entre mundos. MALJUT – Reyes Estas almas están en la tierra para manifestar lo que otros solo sueñan. Canalizan la Luz en acciones concretas. Son reyes no por corona, sino porque reinan sobre su propio ego.

¿Y para qué estamos aquí entonces?

El sabio le dijo a su nieto:

—Cada alma tiene su misión, pero todas tienen el mismo destino: elevar la Shejiná.

—¿La Shejiná? —preguntó curioso el niño.

—La presencia divina en este mundo.

Cada vez que haces lo que tu alma vino a hacer —ya sea enseñar, contener, crear, proteger, ordenar, inspirar, ayudar o amar—, estás ayudando a que la Luz regrese a su fuente.

Entonces, ¿cómo saber qué tipo de alma tienes tú?

Observa lo que haces sin esfuerzo.

Lo que te sale del alma.

Eso que harías incluso si nadie te viera.

Eso que te da paz aunque no dé dinero.

Ahí está tu pista.

Y si te preguntas: “¿pero yo qué puedo aportar?”

Te digo con todo el corazón:

Tu alma es única.

Tu rol es irrepetible.

Y tu misión es valiosa.

No todos tienen que ser líderes, ni sabios, ni reyes.

Pero todos podemos ser fieles a la raíz de nuestra alma.

Y cuando lo somos…

la Luz del Creador brilla a través de nosotros, como una vela que enciende otras sin apagarse.

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