En el eco de las palabras sagradas, resuena el eco del mandato eterno: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.” Un eco que no cesa, que golpea suave pero firme, como las olas acariciando la orilla. ¿Pero qué significa realmente amar al otro? ¿Es suficiente evitar el mal, o hay un llamado más profundo esperando ser escuchado?
Rabbí Äkivá lo dejó claro: este es el principio fundamental de toda la Torá. Cada festividad, cada evento cósmico, cada línea y punto de la sagrada escritura está impregnado con la energía de este precepto. Pero no todos lo ven, no todos lo escuchan.
Hil’lel, el sabio maestro, lo resumió de manera simple y poderosa: “Si hay algo que no te gustaría que te hicieran, no se lo hagas a los demás.” Pero aquí hay un truco oculto. Hil’lel lo planteó de forma negativa: “No hagas el mal.” Y es cierto, evitar el daño es importante, pero ¿es suficiente?
La Torá, por otro lado, nos lanza un desafío mucho más audaz. Nos dice que debemos amar de manera activa, en positivo, sin excusas ni reservas. Amar, aunque duela. Amar, aunque cueste. Amar, incluso cuando el otro no nos ame de vuelta.
¿Qué es realmente el amor según la Kabbalah?
En el Zohar, el libro místico por excelencia, el amor no es un sentimiento romántico ni un simple estado emocional. Es un puente entre los mundos. Es el canal por el cual la Luz del Creador fluye hacia nuestra existencia. Es la única manera de romper las barreras del ego y unirnos en un “Nosotros” que trasciende el “Tú” y el “Yo”.
El Rav Berg lo decía sin rodeos:
“Si a lo largo de toda tu vida llegas a tener un solo amigo verdadero, eres un alma inmensamente afortunada.”
Porque un verdadero amigo no es alguien que te escucha solo en los días soleados. Es aquel que permanece cuando todos se han ido, el que te sostiene cuando el suelo se derrumba. Es alguien cuya alma se fusiona con la tuya, y en esa unión, el “Yo” y el “Tú” desaparecen, y solo queda el “Nosotros”.
¿Y cómo se manifiesta este amor en el mundo?
El Zohar nos recuerda que cada acción, cada pensamiento y cada palabra, crean ángeles o demonios. Y cuando dejamos de amar, cuando dejamos de dar, creamos ángeles oscuros que nos atan al dolor, al odio, al resentimiento. Pero cuando amamos, creamos ángeles luminosos que nos elevan a reinos superiores.
En los días del Ömer, cuando los 24,000 estudiantes de Rabbí Äkivá murieron por no respetarse entre sí, la lección quedó marcada en el cosmos:
Amar no es una opción. Amar es la única vía para que el mundo sobreviva.
Entonces, ¿cómo se ama de verdad?
No basta con evitar hacer el mal. Amar es un acto intencional, una decisión diaria. Es mirar a los ojos del otro y ver más allá de sus errores, más allá de sus defectos, más allá de sus máscaras. Es buscar el destello de luz que todos llevamos dentro y reconocerlo, honrarlo, encenderlo.
Hoy, en este mismo instante, el Zohar nos susurra:
“Despierta, alma perdida. Recuerda quién eres. Recuerda que el amor no es una emoción. Es la llave que abre todas las puertas.”
¿Y tú? ¿Estás dispuesto a amar, realmente amar, como si tu vida dependiera de ello?
Porque lo hace.
Hoy, elige una persona. Solo una. Y haz algo por ella. Un mensaje, una llamada, un acto de bondad. No lo pienses demasiado. Simplemente hazlo. Porque el amor verdadero no es una teoría. Es un verbo. Es acción. Es un puente entre el Cielo y la Tierra.
¿Quién será tu puente hoy?

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