¿Te has sentido alguna vez atrapado entre seguir luchando… o soltarlo todo antes de convertirte en alguien que no quieres ser?
Quizá por fuera pareces fuerte, determinado, enfocado…
pero por dentro, algo te dice que te estás volviendo duro, exigente, impaciente…
como si tu persistencia estuviera aplastando el amor que te motivó en primer lugar.
Eso, amigo, amiga… se llama olvidar el corazón de la batalla.
Y hoy venimos a recuperarlo.
Cuando el corazón se endurece y ya no sabes por qué peleas
Hay una fuerza muy poderosa en la vida que se llama Netzaj —persistencia, ambición, fuerza de voluntad—
y sí, es fundamental para lograr cosas grandes.
Pero hay otra fuerza que tiene que estar ahí para que Netzaj no se vuelva un tren sin freno…
Se llama Jésed. Amor.
Y cuando mezclas esas dos… boom.
Tienes una fórmula explosiva: amor que persiste, sin rendirse, sin destruir.
Porque no se trata solo de avanzar.
Se trata de cómo lo haces.
Con amor, con paciencia, con ternura, incluso cuando defiendes lo que más amas.
¿Por qué insistimos en lo que ya perdió amor?
La mayoría de las veces, cuando somos fríos, autoritarios o agresivos en nuestros proyectos o relaciones,
no es porque seamos malos…
es porque ya no estamos conectados con el amor que nos hizo empezar.
Entonces:
¿De verdad sigues amando lo que estás defendiendo? ¿O estás sosteniéndolo solo por no sentirte un fracasado? ¿Tu familia, tu pareja, tu trabajo, tu sueño… todavía te encienden el alma? ¿O ya estás en modo piloto automático con cara de “yo puedo con todo” pero corazón vacío?
El error que todos cometemos: confundir control con compromiso
Hay una línea finita entre ser persistente… y ser controlador.
Y muchas veces, esa línea la cruzamos sin darnos cuenta.
Gritamos en nombre de “la pasión” Presionamos en nombre de “la responsabilidad” Herimos en nombre de “lo que es mejor para todos”
Pero… ¿y si eso que estás tratando de construir con tanta fuerza se termina cayendo…
porque lo estás haciendo sin amor?
¿No sería una tragedia crear algo grande y exitoso que, por dentro, esté lleno de miedo, presión o heridas?
La oportunidad: Persistir desde el amor
Esto es lo que hace la diferencia:
Elige compromisos que ames, no que solo “te tocan” Si no hay amor, la persistencia se vuelve obligación. Y eso, tarde o temprano, explota. Pregúntate: “¿Estoy luchando por esto desde el amor… o desde el miedo?” A veces lo que creemos que es valentía es solo miedo disfrazado. Haz una pausa consciente antes de cada decisión fuerte Respira y pregúntate: ¿Estoy siendo cariñoso? ¿Estoy cuidando a los demás? ¿A mí mismo? Acepta que persistir no significa imponer El verdadero poder es el que no necesita destruir para abrir camino. Conecta cada día con el amor que te trajo hasta aquí Porque cuando lo pierdes… lo demás pierde sentido también.
Reflexión sincera:
¿Estás amando lo que haces con la misma fuerza con la que estás luchando por ello?
¿O tu persistencia ya se volvió una batalla sin alma?
Haz el ejercicio del día:
Cuando estés a punto de insistir, exigir, presionar o defender tu punto con todo…
detente.
Haz una pausa.
Y pregúntate: ¿Lo estoy haciendo con amor?
Si la respuesta es no… reajusta.
Porque lo que se construye desde el amor…
no solo dura más,
sino que transforma a todos los que toca.
¿Quieres entrenar esa fuerza suave pero poderosa de Netzaj con Jésed en tu cuerpo, tu energía y tus emociones?
Únete a nuestras clases de Tai Chi Gong esta semana y aprende cómo persistir sin endurecerte.
Porque sí: el amor también entrena.
Y tú también puedes aprender a ser firme… sin dejar de ser tierno.

Deja un comentario