¿Sientes que nada fluye? Tal vez es tu ego el que cerró la llave del alma (y sí, hay forma de abrirla otra vez)

¿Te ha pasado que haces de todo… y aún así sientes que estás atorad@? Que meditas, haces afirmaciones, le echas ganas, pero la paz, la claridad o la energía no llegan… ¿Y si no es por falta de esfuerzo? ¿Y si es porque tu alma está encerrada… y no por castigo, sino por el ego?…

¿Te ha pasado que haces de todo… y aún así sientes que estás atorad@?

Que meditas, haces afirmaciones, le echas ganas, pero la paz, la claridad o la energía no llegan…

¿Y si no es por falta de esfuerzo?

¿Y si es porque tu alma está encerrada… y no por castigo, sino por el ego?

Sí, el ego. Ese maestro tramposo que nos hace creer que estamos avanzando, mientras nos mantiene atrapados.

Pero aquí va lo más bonito:

Hay una llave para abrir la puerta de tu alma y volver a conectarte con lo que importa.

Y no está en el cielo ni en un libro escondido… está en ti.

La oportunidad que da miedo mirar: bajarle el volumen al ego para que hable el alma

La Kabbalah y el Zóhar explican que cuando el alma está bloqueada, no es porque la Luz nos abandone… sino porque el ego levantó muros.

Muros de:

Necesidad de tener la razón. Miedo a cambiar. Rencores que guardamos como trofeos. Deseo de controlar todo. Y la más dura: creer que “así soy y así me quedo”.

Pero el alma… el alma es como un río.

Y cuando fluye, todo en ti se vuelve más claro, más suave, más libre.

Desglose paso a paso: cómo abrirle la puerta al alma (y dejar de ahogarte en el ego)

1. Reconoce que estás cerrado sin culparte.

No es tu culpa, es tu proceso.

Solo con decir: “Tal vez algo en mí está cerrando el paso” ya empieza a abrirse una grieta.

2. Observa los síntomas del ego.

¿Te estás comparando? ¿Juzgando a otros? ¿Haciendo todo para demostrar algo?

Ahí está la pista.

Es el ego en modo defensa, pero lo puedes abrazar… y soltar.

3. Haz algo incómodo pero liberador.

Pide perdón. Agradece genuinamente. Escucha sin interrumpir. Haz algo bueno sin decir que lo hiciste.

Cada uno de esos actos abre una puerta que el ego había cerrado.

4. Medita en la Luz, no en el problema.

El ego vive repitiendo el problema. El alma se conecta con la solución.

Ponte la mano en el corazón, respira profundo y di:

“Me abro a ver con los ojos del alma. Me rindo al flujo del Bien.”

Reflexión: a veces lo que parece tu personalidad… es solo tu protección

Muchas veces decimos “yo soy así” cuando en realidad lo que somos es una historia vieja que construimos para no sentirnos vulnerables.

Pero la verdad es esta:

Tu alma es más libre, más sabia y más luminosa que ese ego que se siente atacado todo el tiempo.

Y cuando empiezas a abrirle espacio a esa alma, algo mágico pasa:

Todo empieza a fluir.

Tu energía regresa.

Tu paz se estabiliza.

Y sientes que VIVES, no solo sobrevives.

Hoy abre una puerta.

No afuera. Dentro.

Suelta una idea fija.

Perdona a alguien (aunque sea en tu corazón).

Haz una pausa antes de reaccionar.

Di “gracias” desde el alma, no por costumbre.

Y observa cómo algo en ti… se desbloquea.

Cómo el alma vuelve a entrar a casa.

Y cómo la vida… vuelve a fluir.

Porque sí:

La Luz no se ha ido.

Solo espera a que tú abras la puerta.

¿Le das chance hoy?

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