¿Te sientes agotado sin razón?
¿Te enfermas una y otra vez, o hay cosas en tu vida que simplemente no fluyen?
Tal vez no es solo tu cuerpo el que está colapsando…
Tal vez es tu alma diciendo: “¡Límpiate ya, por favor!”
Y no, esto no es una condena, ni castigo divino, ni mala suerte.
Es una oportunidad brutal de sanación profunda, si sabes por dónde mirar.
La clave que la Kabbalah y el Zóhar revelan:
En la sabiduría kabbalística, las enfermedades no llegan “porque sí”.
Son señales, mensajitos intensos, alertas amorosas del universo que dicen:
“¡Atención! Hay juicio acumulado. Hay energía estancada. Hay una plaga interna que limpiar.”
Lo que los sabios llaman “Néga” —plaga espiritual— no es algo que se contrae…
es algo que se activa cuando la Luz no tiene por dónde entrar.
¿Y qué la bloquea?
Juicios. Rencores. Enojos sin soltar. Miedos enquistados. Hablar mal. Callarte lo importante. Desconexión.
Desglose paso a paso: cómo erradicar esas plagas internas y colectivas
1. Escucha tu cuerpo… pero también tu energía.
La molestia que no se va, el síntoma que se repite, la emoción que te carcome, todo eso es una pista.
No te pelees con el cuerpo. Pregúntale:
”¿Qué estás tratando de limpiar? ¿Qué juicio estoy cargando?”
2. Revisa tu luz interior.
¿Te sientes apagado? ¿Te desconectaste de lo que amas?
¿Criticas mucho, te quejas seguido, juzgas con facilidad?
El Zóhar dice que eso acumula “dinim” (juicios), y los juicios… cierran la puerta a la Luz.
3. Detén la plaga desde la raíz.
Y no hablo de cuarentenas ni antibióticos.
Hablo de consciencia.
De perdonar.
De hablar con verdad.
De dejar de alimentar pensamientos tóxicos.
De abrir el corazón y pedir guía con humildad.
4. Limpia el canal con acciones de Luz.
Haz tzedaká (actos de justicia y generosidad).
Medita. Agradece. Bendice.
Pero sobre todo: hazlo desde el alma, no como trámite.
5. Recuerda esto siempre:
Lo que no limpias por voluntad… lo limpia la vida por presión.
Y no necesitas llegar a ese punto.
No estás roto. Estás en llamada de purificación.
Nos enseñaron a temerle al dolor.
A taparlo, evitarlo, medicarlo y seguir.
Pero la Kabbalah dice: la enfermedad puede ser el último grito de tu alma diciendo: “¡Despierta! ¡Hay una nueva versión de ti lista para nacer!”
La plaga espiritual no llega para destruirte.
Llega para sacudirte. Para vaciar lo que estorba. Para abrir espacio a lo nuevo.
Cuando limpias, no solo sanas tú.
Sanas tu entorno. Tu familia. Tu ciudad. Tu planeta.
Porque lo interno y lo colectivo están más unidos de lo que imaginas.
Hoy, escúchate distinto.
No te pelees con lo que duele.
Pregúntale: “¿Qué necesitas que yo vea, suelte, transforme o limpie?”
Haz un acto de Luz.
Uno solo.
Habla bien de alguien. Pide perdón. Escribe una carta que nunca enviarás.
Suelta una crítica. Dona algo. Respira profundo y conéctate con la humildad.
Y observa cómo algo cambia.
No estás enfermo.
Estás en proceso de sanación profunda.
Y eso… es un regalo disfrazado de incomodidad.
¿Te animas a mirar tus plagas internas con ojos de medicina?

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