¿De qué sirve tu compasión si desapareces al día siguiente?

¡Ey! No te vayas… ¿Te ha pasado que ayudas a alguien, le das tu tiempo, tu escucha, tu hombro, tu abrazo… y al rato sientes que todo fue un momento bonito pero fugaz? Como si le hubieras puesto una curita a una herida profunda, pero después te fuiste corriendo sin ver si esa persona sanó…

¡Ey! No te vayas…

¿Te ha pasado que ayudas a alguien, le das tu tiempo, tu escucha, tu hombro, tu abrazo… y al rato sientes que todo fue un momento bonito pero fugaz? Como si le hubieras puesto una curita a una herida profunda, pero después te fuiste corriendo sin ver si esa persona sanó o no…

Y ahí es donde duele.

Porque la verdad es que dar compasión sin vincularte… es como dar un regalo sin alma.

El problema no es que no seas buena persona…

…es que confundimos compasión con simpatía express.

Sí, claro que importa estar ahí cuando alguien lo necesita. Pero ¿y luego qué?

¿Qué pasa cuando el momento pasa? ¿Te desconectas y ya?

¿O te vinculas?

¿Te haces canal?

¿Dejas algo que dure más que un “ánimo, todo va a estar bien”?

Porque Iesod de Tiferet —la vinculación en la compasión— no es cosa ligera. Es ese lazo invisible, pero muy real, que se crea cuando das de ti con sinceridad, y no te vas después de dar.

Vamos por partes:

¿Qué significa esto en la vida real?

Compasión verdadera no es lástima, es presencia. No se trata de ver al otro como un pobrecito, sino como un alma igual de valiosa que merece ser vista. Iesod significa base, fundamento, canal. En Kabbalah, Iesod es la base que canaliza todo lo que se construyó antes… Es decir, si no hay vínculo, todo lo que diste se queda colgado en el aire. No se sostiene. Tiferet es la compasión equilibrada. Ni excesiva, ni ausente. Es justa. Pero necesita un puente. Y ese puente… eres tú.

¿Y entonces? ¿Qué se hace?

Se permanece. Se sigue. Se vincula.

No te estoy diciendo que te mudes a la casa de la persona a la que ayudaste, pero sí que preguntes después cómo sigue, que le recuerdes que su dolor no fue invisible, que lo que compartieron ese día tiene eco.

Lo eterno no se construye con grandes cosas.

Se construye con pequeños actos constantes.

Con mensajes después de una charla.

Con una mirada que diga “no estás sola”.

Con una presencia que no huye cuando el drama termina.

Ejercicio del día (y este sí que te va a mover):

Piensa en alguien a quien le diste compasión esta semana.

Ahora pregúntate honestamente: ¿Me vinculé o solo fui un acto fugaz de apoyo?

¿Esa persona sabe que sigo aquí?

¿Hay un canal vivo o fue solo una visita rápida al corazón del otro?

Y si la respuesta no te gusta…

No te culpes.

Pero haz algo al respecto.

Manda ese mensaje.

Haz esa llamada.

Recuérdale a esa persona que no fue un accidente su dolor ni tu presencia.

Que estás ahí. Que importó. Que importa.

Porque eso… eso es Iesod de Tiferet:

Compasión con raíces.

Vínculo con propósito.

Y amor que no se evapora.

Ahora te toca a ti:

Cuéntame en los comentarios o en un mensajito privado:

¿Qué acto de compasión reciente sembró un vínculo en ti?

¿Y cuál sientes que puedes volver a retomar?

Dale vida a tu compasión.

Hazla canal.

Hazla eterna.

¿Quieres más reflexiones así cada semana?

Sígueme, comparte y únete a este camino donde cada emoción se convierte en conciencia.

Porque la espiritualidad no es un ritual… es la forma en que eliges vincularte con el mundo.

¿Te animas a dejar una huella que no se borre?

Tags:

Deja un comentario