¿Y si el verdadero virus es tu orgullo? (Y aquí está la vacuna que tu alma necesita)

¿Sabías que hay algo que te desconecta de la Luz más rápido que cualquier error? Algo que sabotea relaciones, bloquea bendiciones y te encierra sin que lo notes… Se llama orgullo. Y es más contagioso que la gripe, más silencioso que la ansiedad, y más resistente que el ego. Pero… ¿Y si existiera una vacuna…

¿Sabías que hay algo que te desconecta de la Luz más rápido que cualquier error?

Algo que sabotea relaciones, bloquea bendiciones y te encierra sin que lo notes…

Se llama orgullo.

Y es más contagioso que la gripe, más silencioso que la ansiedad, y más resistente que el ego.

Pero…

¿Y si existiera una vacuna espiritual para eso?

Spoiler: sí existe. Y en la Kabbalah tiene nombre, letra y energía. Hoy te la presento.

La oportunidad que casi nadie ve: vacunarte contra el orgullo

La Kabbalah y el Zóhar enseñan que el orgullo es como una mancha espiritual que impide que la Luz habite en ti.

Es ese sentimiento sutil (o a veces brutal) que te hace pensar que tienes razón, que estás por encima, que no necesitas ayuda, que tú no te equivocas.

Y aunque todos lo hemos sentido (¡todos!), la solución no es aplastarte.

Es inmunizarte.

Desglose paso a paso: cómo aplicar esta vacuna del alma

1. Reconoce el síntoma: el ego inflamado.

El orgullo se nota cuando te ofendes fácilmente, cuando necesitas tener la última palabra, cuando no puedes pedir ayuda ni perdón.

2. Conecta con la humildad real (no la falsa modestia).

No es decir “ay, yo no soy nadie”.

Es saber que tú no eres el centro… y que eso te libera.

Que puedes aprender, crecer, y cambiar de opinión sin perder tu valor.

3. Medita en la letra hebrea Guímel.

La Guímel representa el acto de “dar”.

Y dar es lo contrario a sentirte superior.

La Guímel no aparece en ninguno de los 72 Nombres de Dios…

¿Por qué?

Porque la Luz no entra en una vasija llena de ego.

4. Usa cada situación como una oportunidad de vacunarte.

¿Te sientes herido porque no te reconocieron?

¿Te hierve la sangre porque alguien te corrigió?

Ahí está tu dosis. Respira, observa y suelta.

Cada vez que eliges la humildad, tu alma se fortalece.

El orgullo te hace sentir fuerte… pero te desconecta

El orgullo es traicionero. Te hace sentir “poderos@” por fuera…

pero por dentro te aísla, te hace competir, desconfiar, controlar.

La humildad, en cambio, no te hace débil.

Te hace liviano, receptivo, real.

No necesitas demostrar nada.

Eres tú, en paz.

Y cuando estás en paz, la Luz entra, la gente se acerca, y tu alma respira.

Hoy, haz tu dosis espiritual.

No necesitas ayunar ni subir una montaña.

Solo observa tu día, y cuando aparezca esa vocecita que dice “yo tengo la razón”, “a mí me deberían agradecer”, “yo ya lo sabía”…

sonríe y elige soltar.

Medita en la Guímel.

Respira profundo.

Y di para ti:

“No necesito estar por encima. Necesito estar en sintonía.”

Y lo estarás.

Porque la verdadera grandeza no grita. Irradia.

¿Te animas a soltar el orgullo y llenarte de Luz?

Te leo. Te abrazo. Y te aplaudo desde el alma.

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