**¿Te cae gorda cierta actitud en los demás y te saca de quicio?
¿Criticas a alguien por ser flojo, soberbio, intenso, egoísta, chismoso…?
Bueno… prepárate, porque esto no es casualidad:
¡Tal vez estás viendo un espejo!
Pero espera, no te me vayas.
Esto no es una condena…
¡Es una oportunidad brutal para transformarte!
La sabiduría que te voltea el espejo (y te despierta)
La Kabbalah y el Zóhar enseñan que lo que vemos en los demás es un reflejo directo de lo que hay en nosotros.
Sí, incluso eso que juramos que “no tenemos”.
Y no es castigo ni karma automático…
Es la manera más sabia y amorosa en la que la Luz nos dice:
”¡Ey! ¡Aquí hay algo tuyo que merece ser visto y sanado!”
Paso a paso para transformar el espejo en crecimiento
1. Reconoce el reflejo sin vergüenza.
No te castigues por ver cosas feas en otros.
Obsérvalas y pregúntate:
”¿Dónde en mi vida también actúo así, aunque sea en menor escala?”
2. Cambia la crítica por curiosidad.
En lugar de decir “¡qué insoportable es tal persona!”,
prueba decir: “¿Qué me está enseñando esta situación de mí?”
3. No te claves en la culpa. Usa lo que ves como herramienta.
La Kabbalah no viene a hacerte sentir mal, sino a ayudarte a crecer más rápido.
Cada espejo es una ventana para que tu alma se limpie y brille más.
4. ¿Y qué onda con la lepra en la Torah?
La tzaráat, o “lepra espiritual”, era diagnosticada por un sacerdote (Kohén),
porque solo alguien con verdadera objetividad y pureza interior podía mirar al otro sin proyectar su propia sombra.
Y aquí va lo más chido:
Tú puedes aprender a ser ese Kohén para ti mism@.
Ver tus sombras sin juzgarte.
Detectar tus reflejos sin castigarte.
Y crecer… desde el amor.
Tu peor crítica… es tu mejor pista.
Sí, a veces duele darte cuenta de que esa actitud que te choca en otros, tú también la tienes.
Pero cuando logras mirarte con honestidad, sin miedo, sin drama, empieza la verdadera libertad.
Ya no necesitas controlar a nadie. Ya no necesitas huir.
Solo necesitas mirarte… con compasión y con ganas de evolucionar.
Y ahí, justo ahí, se libera una Luz brutal.
Porque cuando te haces responsable de tu parte, todo tu universo cambia.
Hoy, elige un reflejo. Uno.
Eso que más te irrita en otro, obsérvalo con ojos de aprendiz.
No lo critiques. No te quejes. Solo pregúntate:
“¿Qué hay de eso en mí que necesita atención?”
Y luego haz algo pequeñito para sanarlo.
Una acción consciente. Un cambio de mirada. Un acto de bondad.
Y observa cómo, poco a poco… lo que veías allá afuera, empieza a transformarse.
Porque sí:
Todo lo que vemos… también somos.
Y eso, lejos de ser una condena, es una invitación al alma.
¿Le entras al viaje del espejo?
Te leo. Te abrazo. Y me reflejo contigo.

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