¿Te ha pasado que ayudas a alguien… pero en vez de acercarte, sientes que algo se rompe?
¡Auch! No eres el único, y tampoco eres malo por eso.
A veces, sin querer, nuestra “compasión” puede sonar como lástima, o incluso como condescendencia… ¡y ni cuenta nos damos!
Hoy vamos a descubrir juntos un secreto brutalmente sencillo pero poderoso:
El verdadero poder de Jésed en Tiferet: Amor en Compasión.
Y te prometo que si aplicas esto, tu forma de conectar con los demás va a cambiar para siempre.
¿Qué está pasando realmente cuando ayudamos y no se siente bonito?
Muchas veces creemos que ser compasivos es decir “ay pobrecito”, “ánimo”, “tú puedes”…
Pero si lo ves bien, ¿qué vibración trae eso?
Una vibra de superioridad escondida.
Un “yo estoy bien y tú no”, aunque no lo digamos.
Y no es nuestra culpa, ¿eh?
¡Así nos enseñaron a ayudar!
Pero, hay una forma mucho más luminosa, honesta y amorosa de hacerlo:
A través del Jésed de Tiferet.
¿Qué rayos es Jésed de Tiferet? (Y por qué es el superpoder que no sabías que necesitabas)
Jésed es amor puro, desbordante, ese que abraza. Tiferet es la belleza de la verdad y la armonía.
Cuando unes los dos, nace una compasión real:
Una compasión que no mira de arriba hacia abajo. Una compasión que no da por lástima, sino por amor. Una compasión que no pesa, que alivia. Que no juzga, que dignifica.
Es como tenderle la mano a alguien desde tu corazón, no desde un pedestal.
Es hacer sentir al otro visto, digno y amado.
¿Cómo practicar Jésed de Tiferet paso a paso?
Te voy a dar la receta secreta, directa y sin rollos:
1. Observa tu intención
Antes de ayudar, pregúntate de corazón:
“¿Estoy ayudando porque lo amo o porque quiero sentirme mejor yo?”
Cuando lo haces por amor, no necesitas aplausos, ni agradecimientos. Solo quieres ver al otro sonreír.
2. Haz tu compasión cálida y viva
No es solo “hacer un favor”.
Es estar presente:
Míralo a los ojos. Sonríe genuinamente. Ofrece un gesto que transmita calor: una palabra amable, un toque en el hombro, un “estoy contigo”.
Haz que tu ayuda tenga alma.
3. Evita la lástima
La lástima pone distancia.
La compasión con amor crea puentes.
Cuando ayudes, no veas a la persona como una víctima:
míralo como un ser fuerte, valioso, que solo necesita una chispa para volver a brillar.
Reflexión: ¿Cómo te gustaría que te ayudaran a ti?
Cuando tú estás vulnerable,
¿qué necesitas?
¿Un “ay pobrecito”?
¿O alguien que te vea con respeto, con amor, que crea en ti?
Eso mismo necesitan los demás.
Ni más, ni menos.
Cuando ayudas desde el alma, no solo cambias el día de alguien… cambias tu propio corazón.
Ejercicio del día: Practica Jésed de Tiferet
Hoy, elige conscientemente ayudar a alguien.
Pero hazlo completo:
Con una sonrisa cálida. Con un gesto lleno de amor real. Sin drama, sin lástima, sin esperar nada a cambio.
Ayuda como te gustaría ser ayudado.
¡Y siente la magia de ver florecer la verdadera belleza en ti!
¿Te animas a ayudar desde el amor verdadero?
Cuéntame:
¿A quién te gustaría ofrecerle hoy tu compasión con amor?
Te leo en los comentarios o en mensaje privado.
¡Vamos a encender juntos más corazones en el mundo!

Deja un comentario