¿Por qué tu disciplina se siente como castigo (y no como amor)?

¿Alguna vez sentiste que la disciplina era como un castigo frío, una distancia, una especie de “te corrigo porque no me importas”? ¡Error! ¡Gran error, mi querido sensei de la vida! Te voy a soltar una bomba emocional: La disciplina verdadera no separa… une. Cuando te disciplinas a ti mismo, o acompañas a alguien más…

¿Alguna vez sentiste que la disciplina era como un castigo frío, una distancia, una especie de “te corrigo porque no me importas”?

¡Error! ¡Gran error, mi querido sensei de la vida!

Te voy a soltar una bomba emocional:

La disciplina verdadera no separa… une.

Cuando te disciplinas a ti mismo, o acompañas a alguien más a disciplinarse, están creando un lazo invisible de amor, respeto y crecimiento compartido.

Déjame contártelo bien…

El error silencioso que muchos cometemos

Normalmente pensamos:

“Tengo que disciplinarme para ser mejor.”

“Tengo que poner límites para que aprenda.”

Y sí… pero si lo haces sin conexión emocional, lo que siembras no es mejora: ¡es resentimiento, miedo o distancia!

Es como querer que crezca una flor echándole solo sol… ¡pero nunca agua!

La disciplina sin compromiso emocional es un sol seco que quema.

Y nadie quiere abrazar a un cactus, ¿verdad?

¿Qué es Iesod de Guevurá (y por qué deberías amarlo)?

Te presento un concepto fascinante de la Kabbalah:

Iesod de Guevurá.

Traducción sencilla y sin rollo:

Guevurá es la disciplina, la fuerza, el autocontrol. Iesod es el fundamento de la conexión, el vínculo, la unión.

Cuando mezclas Guevurá con Iesod, la magia ocurre:

Tu disciplina no aleja, sino que fortalece relaciones.

Te disciplinas porque amas, porque valoras, porque quieres construir algo verdadero, contigo o con quien acompañas.

¡Qué distinto se siente ahora, no?

¿Cómo aplicarlo en tu vida REAL (sin volverte un gurú marciano)?

Paso 1: Recuerda el propósito emocional.

Cada vez que tengas que ser firme, contigo o con otro, pregunta primero:

”¿Qué vínculo estoy fortaleciendo con esta acción?”

Paso 2: Habla desde el corazón antes de la acción.

En vez de corregir como robot:

“Esto es por tu bien.”

di algo tipo:

“Te pido esto porque confío en ti. Porque te quiero ver brillar. Porque estamos creciendo juntos.”

Paso 3: Sé firme… pero humano.

Ser disciplinado no es ser militar. Es ser comprometido y compasivo.

Aplica la firmeza como un apretón de manos fuerte: no sueltes, pero tampoco quiebres.

Paso 4: Celebra la disciplina como un acto de amor.

¡Celebra los pequeños logros!

“Hoy me levanté a la hora que dije… ¡me estoy honrando!”

“Hoy mi hijo cumplió con su tarea… ¡estamos creciendo juntos!”

Ejercicio del día (no te me escapas sin acción):

Hoy, elige a alguien (puede ser tu hijo, tu pareja, un alumno, o incluso tú mismo) y haz esto:

Demuestra que la disciplina que aplican juntos es una expresión de unión y compromiso, no un “castigo disfrazado”.

Háblales. Míralos a los ojos.

Diles algo sencillo y brutalmente poderoso:

“Lo que estamos construyendo juntos es más importante que cualquier momento incómodo.”

¡Y si puedes, abrázalos! (O abrázate).

Una reflexión para cerrar con broche de oro

No eres solo alguien que pone reglas o que sigue reglas.

Eres un constructor de puentes.

Puentes que nacen desde el compromiso, la voluntad, el amor consciente.

La disciplina no es una prisión.

La disciplina es un abrazo que sabe a libertad.

Y tú, mi querido guerrero de luz, mereces vivir esa versión de ti.

No más látigos invisibles.

No más culpas absurdas.

Hoy eliges disciplinarte como quien riega la flor que más ama: tú mismo.

¿Listo para transformar tu disciplina en amor vivo?

Cuéntame aquí abajo:

¿Qué vínculo vas a fortalecer hoy con tu disciplina?

(Te leo, y si quieres, ¡también te aplaudo desde aquí!)

Tags:

Deja un comentario