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¿Y si quedarte callado fuera el acto más poderoso de tu alma?

(Aunque todo por dentro te grite lo contrario…) ¿Alguna vez te pasó que todo se desmorona y lo único que puedes hacer… es quedarte en silencio? No porque no sientas. Sino porque lo sientes todo. Y ese silencio no es vacío… es conciencia. Así se quedó Aharón. En silencio. Después de que sus dos hijos…

(Aunque todo por dentro te grite lo contrario…)

¿Alguna vez te pasó que todo se desmorona y lo único que puedes hacer… es quedarte en silencio?

No porque no sientas. Sino porque lo sientes todo. Y ese silencio no es vacío… es conciencia.

Así se quedó Aharón.

En silencio.

Después de que sus dos hijos murieran frente al altar.

No gritó.

No reclamó.

No se justificó.

Solo… guardó silencio.

Y ese silencio lo cambió todo.

¿Por qué? Porque no fue un silencio de resignación, fue un silencio de aceptación espiritual profunda.

Una que nace cuando te haces responsable sin culparte, cuando reconoces tu rol en lo que ocurre, y eliges transformar desde dentro.

¿Qué tenía que ver Aharón con la muerte de sus hijos?

La Kabbalah nos lo explica con una lupa del alma:

Aharón, en su rol de líder, fue quien moldeó con sus manos el famoso Becerro de Oro.

No porque creyera en él, sino porque cedió a la presión del pueblo.

Y en esa acción, sin quererlo, transfirió su Luz, su energía de Tiféret (la belleza, el equilibrio, el sol del Árbol de la Vida)… hacia un ídolo sin alma.

Sí. Le dio fuerza al caos.

Y aunque después se purificó, esa energía aún tenía cuentas pendientes.

Sus hijos, Nadav y Avihú, querían tanta conexión con la Luz que se pasaron de intensidad… y se quemaron.

Literal.

¿Y por qué el silencio fue tan grande?

Porque Aharón no dijo:

— “¡No fue mi culpa!”

— “¡Yo solo hice lo que me pidieron!”

— “¡No merecía esto!”

No se defendió.

No culpó.

No negó.

Aceptó.

Se hizo cargo de su energía, de su rol, de su historia.

Y en ese momento, se convirtió en algo más que un líder… se convirtió en canal de redención.

Entonces… ¿dónde está la oportunidad para nosotros?

En medio del caos, tenemos dos caminos:

Reaccionar. Resonar.

Reaccionar es lo que hace el ego.

Resonar es lo que hace el alma.

Y para eso se necesita valor, humildad… y muchas veces, silencio interior.

Porque cuando haces silencio, escuchas.

Y cuando escuchas, entiendes.

Y cuando entiendes, puedes transformar.

PASO A PASO: EL PODER DEL SILENCIO ESPIRITUAL

Reconoce tu energía solar. Todos tenemos un punto de Tiféret: luz, belleza, poder creativo. Obsérvalo. Reflexiona en qué momento cediste tu luz al caos. ¿A quién o a qué le diste poder que no lo merecía? Haz silencio. Apaga el ruido de la culpa, del “yo tengo razón”, del “yo no fui”. En ese silencio, nace el entendimiento. Toma responsabilidad sin castigo. No es para autoflagelarte, es para tomar las riendas y no repetir la historia. Sé canal. Una vez purificado, Aharón fue canal para bendecir a todos los mundos. Tú también puedes serlo… pero primero, necesitas vaciarte del ego que grita.

A veces la transformación no ocurre cuando gritas… sino cuando callas.

No como quien se rinde.

Sino como quien escucha la voz profunda del alma que susurra:

“Esto es mío, y lo puedo transformar”.

Aharón no fue perfecto.

Pero fue valiente.

Y en su silencio, nos enseñó el poder de hacerse cargo con amor.

Hoy, en vez de reaccionar a eso que te molesta, duele o frustra…

Guarda silencio.

Pero no el silencio de “trágate todo”,

sino el silencio del que sabe que ahí adentro está la respuesta.

Respira.

Escucha.

Y pregúntate:

¿Dónde estoy cediendo mi Luz? ¿Cómo puedo volver a ser canal de bendición?

Y si quieres compartir tu reflexión… aquí estoy.

Porque a veces lo que callamos juntos, cura más que mil palabras.

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