Tu peor enemigo no es tu ex, ni tu jefe… es tu ego (y ni cuenta te das).

¿Alguna vez te ha dolido algo en la vida… y no sabes ni por qué? Te sientes perdido, atascado, como si todo fuera cuesta arriba. Y para acabarla de fregar, ni siquiera sabes de dónde viene el golpe. Y ahí está el ego, todo chulo, diciéndote: — “No es tu culpa. Es el mundo. Es…

¿Alguna vez te ha dolido algo en la vida… y no sabes ni por qué?

Te sientes perdido, atascado, como si todo fuera cuesta arriba. Y para acabarla de fregar, ni siquiera sabes de dónde viene el golpe.

Y ahí está el ego, todo chulo, diciéndote:

— “No es tu culpa. Es el mundo. Es la gente. Es la vida.”

Pero ¿y si te dijera que ese dolor es un mensaje del alma… y que el ego lo está bloqueando?

Hoy te voy a contar una verdad incómoda pero liberadora: el dolor no es castigo, es guía. Y si aprendes a leerlo, puedes despertar a una vida completamente distinta.

El Ego: ese GPS descompuesto que insiste en que vas bien

El Zóhar y la Kabbalah no te dicen que el ego es malo. Te dicen que el ego es necesario… pero peligroso si manda solo.

El ego es esa parte de ti que se ofende, que se justifica, que se compara y que se defiende aunque no haya ataque.

Es como tener un copiloto en el coche que grita:

— “¡Todo está perfecto! ¡No es por ti!”

…mientras tú estás con las llantas ponchadas y sin gasolina.

¿Y el resultado?

Te duele la vida, pero no sabes de dónde viene. Porque tu ego, muy educado él, no te deja ver.

El Dolor es un Mensajero (y no está en tu contra)

La Kabbalah dice que todo dolor —emocional o físico— es una señal de desconexión.

No es un castigo.

No es karma.

Es una alarma.

Como cuando te quemas la mano y el cuerpo te avisa para que no se vuelva a repetir.

El alma hace lo mismo: te manda un pellizco energético para decirte:

“¡Ey! Aquí hay algo que no estás viendo.”

Pero si el ego está en modo “nunca es mi culpa”, esa señal se pierde.

Y el dolor se repite.

Y se repite.

Y se repite…

Hasta que lo escuches.

La Oportunidad que Nadie Quiere… pero Todos Necesitamos

¿La buena noticia?

Cada golpe, cada caída, cada momento donde algo se rompe, es también un punto de acceso a la Luz.

Sí, una luz que no viene desde fuera… sino desde adentro.

Solo que necesitas mover al ego de la puerta para poder entrar.

PASO A PASO: CÓMO DEJAR DE SER CIEGO POR CULPA DEL EGO

Acepta que no lo sabes todo. Sí, ni tú ni yo tenemos toda la razón. Y eso está bien. Eso abre espacio para crecer. Escucha tu dolor sin juicio. No trates de taparlo. Si duele, hay algo que el alma está tratando de decirte. Hazte una pregunta poderosa: ¿Qué parte de mí está creando o perpetuando este conflicto? Esta pregunta no es para culparte, sino para devolverte el poder. Escribe lo que encuentres. No necesitas resolver todo. Solo reconocerlo ya es un paso gigante. Entrena el silencio. El ego odia el silencio porque en el silencio se derrite. Medita, respira, camina sin hablar. Deja que la conciencia suba.

Imagínate que cada dolor es un paquete con un mensaje sagrado.

El ego quiere devolverlo sin abrir.

Pero si tú tienes el valor de abrirlo, encuentras una pista, un mapa, una brújula.

No para castigarte.

Para reconectarte con lo que realmente eres.

Y tú no eres tu ego.

Tú eres luz envuelta en posibilidades.

Hoy, cuando algo te moleste, te duela o te frustre… detente.

Antes de señalar a otro, pregúntate:

¿Qué está intentando mostrarme esto de mí mismo?

No es fácil. Pero te juro que es liberador.

Y si quieres compartir lo que descubriste, te leo.

Porque aquí estamos para eso: no para tener siempre la razón, sino para encontrar la verdad que nos sana.

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