¿Y si tu manera de amar estuviera saboteando a los que más quieres?

El día que entendí que amar también significa poner límites… y que juzgar sin amor es solo ego disfrazado. Vamos directo al corazón del asunto: ¿Cuántas veces has querido ayudar a alguien pero terminaste regañando, exigiendo o juzgando… y luego te sentiste peor que antes? Sí, esa sensación de: “lo hice porque lo amo, pero…

El día que entendí que amar también significa poner límites… y que juzgar sin amor es solo ego disfrazado.

Vamos directo al corazón del asunto:

¿Cuántas veces has querido ayudar a alguien pero terminaste regañando, exigiendo o juzgando… y luego te sentiste peor que antes?

Sí, esa sensación de: “lo hice porque lo amo, pero me pasé”.

O peor aún: “creo que me dejé llevar por mi frustración más que por el amor”.

Hoy, en la cuenta del Ómer, entramos a una energía poderosísima:

Jésed de Guevurá —el amor dentro del juicio, la dulzura dentro de la disciplina, la ternura que guía sin aplastar.

¿Qué es Jésed de Guevurá?

En lenguaje sencillo:

Es cuando aprendes que poner límites no es dejar de amar,

sino amar tan profundamente que quieres lo mejor para el otro, incluso si eso incomoda.

Y aquí viene la magia:

No se trata de juzgar a alguien por lo que hace, sino de acompañarlo a ser lo mejor que puede ser.

Entonces… ¿cómo se ve esto en tu vida real?

1. Corriges, pero sin humillar.

Tu hijo, tu pareja, tu alumno… se equivocan. Pero no usas la vergüenza como herramienta. Usas el amor como espejo: “Te veo. Creo en ti. Puedes hacerlo mejor”.

2. No toleras lo destructivo, pero sí comprendes lo humano.

No justificas la mentira, la agresión o la negligencia. Pero tampoco lanzas piedras. Te preguntas: ¿qué herida hay detrás de esta conducta?

3. No actúas desde el enojo, sino desde el propósito.

¿Tu crítica busca sanar o solo desahogarte? ¿Estás construyendo o desquitándote?

4. Reconoces que incluso tú necesitas esta medida de amor en la disciplina.

¿Cuántas veces has sido muy duro contigo mismo? ¿Y si en vez de castigarte, te disciplinas con compasión?

Reflexión del día

Disciplina sin amor es violencia. Amor sin disciplina es caos.

Y muchas veces, pensamos que ser buenos es aguantar, no poner límites, dejar pasar.

¡No! Amar también es decir: “Eso no está bien, y te lo digo porque me importas”.

Y lo más loco: cuando no ponemos límites por amor, terminamos explotando por enojo.

Y eso daña más que haber hablado a tiempo con respeto.

El ejercicio del día

Antes de criticar a alguien, detente.

Respira profundo.

Pregúntate:

¿Lo hago por preocupación real?

¿O lo hago porque estoy frustrado, herido o queriendo tener razón?

Y si la respuesta es amor…

habla con firmeza, pero con ternura.

Corrige, pero sin romper.

Ayuda, sin perderte a ti mismo.

Hoy es un gran día para revisar tu forma de amar.

¿Amas con juicio o con juicio amas? ¿Corriges desde tu herida o desde tu corazón? ¿Qué pasaría si te convirtieras en el tipo de persona que ayuda a otros a crecer, en lugar de hacerlos sentirse menos?

Recuerda:

La disciplina más poderosa no es la que castiga… es la que inspira.

Activa el Jésed de tu Guevurá.

Ama con límites.

Guía con respeto.

Y sobre todo… sé el tipo de amor que no necesita gritar para transformar.

¿Te resonó esto?

Mándaselo a alguien que ama mucho… pero a veces no sabe cómo demostrarlo.

Y déjame en los comentarios:

¿Qué significa para ti amar con disciplina?

Tags:

Deja un comentario