¿Te ha pasado que cometes un error y sientes que ya valiste? Como si no tuvieras derecho a levantarte, a empezar de nuevo, a recibir una segunda vuelta al juego de la vida…
Bueno, detente un segundo. Porque lo que vas a leer hoy no es cualquier lección, es una joya de sabiduría kabbalística que atraviesa siglos, mitos, fuego y lágrimas… y te puede cambiar la forma en que ves tus errores para siempre.
Vamos a hablar de caídas, segundas oportunidades y el poder brutal de mirar hacia adentro con honestidad.
El Gancho Divino: Caer para Volver a Brillar
La Torah nos cuenta algo que a primera vista suena fuerte: los dos hijos de Aharón, Nadav y Avihú, mueren tras ofrecer “fuego extraño” frente a Dios. ¡Boom! Justo en la inauguración del Tabernáculo. Imagínate: el evento del año… y termina en tragedia.
Pero, en vez de gritar o protestar, Aharón guarda silencio. ¿Por qué? Porque sabe que en esa tragedia hay algo más profundo. Sabe que hay responsabilidad, que hay raíces más viejas que esa chispa, que él mismo participó en el becerro de oro. Y acepta. No se rinde. No se rompe. Se eleva en silencio.
Eso, mi querido lector, es una oportunidad disfrazada.
Nadav, Avihú e Iosef: ¿Qué tienen en común?
Aquí la Kabbalah y el Zóhar se meten como lupa quirúrgica en el alma humana. Iosef fue traicionado por sus hermanos, vendido como esclavo. Y aunque ellos pensaban que todo estaba bien, la Shejiná (la Presencia Divina) seguía con ellos. Pero 22 años después, boom, les cae el veinte. Entendieron la gravedad.
¿Y sabes qué? No fue cuando les fue mal. Fue cuando vieron a su padre Iaakov roto por el dolor. Ahí es donde el corazón se les abrió y la conciencia despertó.
Moraleja: a veces pasamos años cargando algo sin darnos cuenta… hasta que una sacudida —o ver el dolor ajeno— nos muestra la grieta que hemos ignorado.
¿Entonces por qué sufrimos?
La Kabbalah lo dice clarito: el dolor no es castigo, es un mensaje. Una carta escrita con tinta invisible que dice:
“Despierta. Mira hacia adentro. Hay algo que puedes cambiar. Hay algo que puedes sanar. Hay luz por revelar.”
El ego, ese sabelotodo interior que todos llevamos, es experto en justificar, en negar, en señalar para otro lado. Pero cuando lo vencemos con honestidad, se abre una puerta.
Y esa puerta se llama Biná, la dimensión del entendimiento profundo, donde ya no piensas con la cabeza… sino con el corazón.
Paso a paso: La Oportunidad está en tus Manos
Reconoce tu caída sin juicio. No eres tu error. Eres el aprendiz en medio del proceso. Haz silencio. No para tragar el dolor, sino para escucharlo. El silencio fue el lenguaje de Aharón… y puede ser el tuyo. Observa el dolor ajeno. Como Iosef con sus hermanos. Muchas veces ahí está el espejo que revela lo que escondemos. Conecta con tu Biná. No se trata solo de entender. Se trata de sentir lo que entiendes y usarlo para sanar, no para castigar. Actúa con conciencia. A veces el acto más sagrado es simplemente hacer lo correcto… aunque nadie lo vea.
Todos hemos metido la pata. Todos hemos dicho o hecho cosas que duelen, que manchan, que dejan cicatrices. Pero también todos tenemos algo sagrado dentro: la capacidad de transformarnos.
El Zóhar nos enseña que incluso el oro del becerro puede volver a brillar… cuando es fundido de nuevo con intención pura.
Así que la próxima vez que sientas que te caíste, no te preguntes “¿Por qué a mí?”, sino “¿Qué Luz me está queriendo despertar esta caída?”.
Hoy, regálate cinco minutos de silencio. Piensa en una caída tuya, grande o pequeña. Y pregúntate con honestidad:
¿Qué semilla de segunda oportunidad había ahí?
Escríbelo, compártelo, o simplemente siémbralo en tu corazón.
Y si quieres, cuéntamelo en los comentarios. Este espacio también es para sanar juntos.

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