¿Te ha pasado que amas tanto a alguien que sin darte cuenta te vas perdiendo?
Que de pronto ya no sabes en qué momento empezaste a apagar tu brillo solo para no incomodar, que tus opiniones ya no importan tanto porque lo importante es que “él o ella esté bien”, que ya no te ríes tan fuerte, ya no sueñas igual, ya no bailas como antes.
Te voy a decir algo que me hubiera gustado que me gritaran hace años:
El amor de verdad no te achica… te engrandece.
Y justo de eso trata el día 7 del Ómer: Maljut de Jésed – La Nobleza en el Amor.
¿Qué significa eso en cristiano?
Que si tu amor te está haciendo sentir chiquito, invisible, fuera de lugar… eso no es amor. Es apego, es miedo, es necesidad.
Pero no amor.
El amor real, el chido, el que te transforma, viene con dignidad.
Y no lo digo desde un lugar de ego, sino de respeto profundo.
Porque cuando amas desde un lugar noble, no estás suplicando migajas, estás compartiendo realeza.
Paso 1: Recuerda lo que vales
Haz memoria:
¿Recuerdas un momento en que tu amor —por alguien, por algo o por ti mismo— te haya hecho sentir más tú que nunca?
Tal vez cuando ayudaste a alguien sin esperar nada y eso te hizo sonreír días.
O cuando amaste sin miedo y sin filtros y eso te volvió más fuerte.
Ese es tu Maljut. Esa es tu nobleza.
Regrésate ahí. Vuelve a ese lugar dentro de ti. Porque desde ahí sí vale la pena amar.
Paso 2: Observa si te estás abandonando por amor
Aquí va una pregunta ruda pero necesaria:
¿En tu amor actual estás brillando más… o menos?
¿Sientes que puedes expandirte o tienes que encogerte para encajar?
Si para “amar” tienes que dejar de ser tú, ese amor no te pertenece.
Paso 3: Celebra tu amor más digno
Sí, así como lo lees.
Haz una mini ceremonia contigo mismo:
Pon tu canción favorita, préndete una vela si quieres, mírate al espejo y di:
“Hoy celebro el amor que me ha hecho mejor persona. El que me hizo reír más fuerte, caminar más erguido y hablar con más verdad.”
Ese amor puede ser hacia tu abuela, tu mascota, un amigo, o hacia ti mismo en un momento difícil.
Pero celébralo. Porque ahí está tu verdadera soberanía.
Ahí eres un rey. Una reina. Sin trono, pero con alma.
Amar no es desaparecer.
Es aparecer con más fuerza.
Es decir: “Te amo, pero también me amo. Te cuido, pero también me cuido. Te respeto… pero también me respeto.”
Porque si el amor te hace sentir indigno… entonces, ¿qué caso tiene?
El amor verdadero no es sumisión, es comunión.
No es perderte en otro, es encontrarte más.
Hoy haz este ejercicio:
Piensa en un solo momento de tu vida en el que el amor te haya hecho sentir majestuoso.
Tal vez no fue perfecto, pero te hizo sentir digno, pleno, poderoso.
Y cuéntamelo en los comentarios o en un mensaje directo.
Porque cuando compartimos esos momentos, recordamos que sí existe el amor bonito.
Y cuando uno recuerda… empieza a atraer más de eso.
Más amor del bueno. Del que suma. Del que no duele. Del que te hace caminar como si llevaras una corona invisible.
Y si nadie te lo había dicho últimamente:
Tú mereces un amor que te haga sentir majestuoso. Siempre.
No menos.
Nos leemos mañana.
Pero por hoy…
Ama con nobleza. Y no te olvides de celebrarte.

Deja un comentario