El día que entendí que el amor no se trata de ganar, sino de rendirse con humildad
¿Cuántas veces te has aferrado a “tener la razón”… y terminaste perdiendo lo que más amabas?
Sí, a mí también me pasó. Y no fue una sola vez. Durante mucho tiempo pensé que el amor era defender mi postura, demostrar que lo que yo sentía era válido, que mi dolor merecía ser entendido antes que el del otro. Y aunque todo eso puede ser cierto… también puede ser muy egoísta.
Porque hay una verdad dura de aceptar:
El amor arrogante no es amor… es orgullo disfrazado.
Y ahí es donde entra Hod de Jésed, una cualidad tan rara como poderosa: humildad en el amor.
¿Qué demonios es Hod de Jésed?
En términos simples: es la capacidad de bajarle dos rayitas a tu ego, hacerte a un lado por un momento, y decir:
“Te amo más de lo que amo tener la razón.”
No es debilidad, es valentía.
No es sumisión, es elección.
No es callarte por miedo, es ceder por amor.
Y no cualquier amor: un amor que viene de un lugar más alto, más profundo, más divino.
Porque cuando te das cuenta de que la capacidad de amar ni siquiera es tuya –que es un regalo de Di-s, del universo, de la Vida misma– te cambia el chip.
Ya no amas con el pecho inflado. Amas con los pies en la tierra y el corazón rendido.
¿Cómo se ve esto en la vida real?
1. Tu pareja no te entiende y tú sientes que explotas.
Hod de Jésed te susurra: ¿Es más importante que entienda o que se sienta amado?
2. Discutiste con alguien que quieres y esperas a que se disculpe primero.
Hod de Jésed te recuerda: Traga tu orgullo. Da tú el paso. No importa quién empezó, importa quién termina el conflicto con amor.
3. Te cuesta perdonar porque “lo que hizo fue muy fuerte”
Hod te mira y te dice: Perdonar no es justificar al otro. Es liberarte a ti de seguir cargando esa herida.
El secreto que nadie te dice:
Amar desde la humildad te da más poder que pelear desde el ego.
Sí, leíste bien. Porque cuando sueltas la necesidad de ganar, ganas de verdad. Ganas paz. Ganas conexión. Ganas respeto. Ganas un tipo de amor que no se ve en las películas, pero que transforma vidas.
Una pequeña historia personal…
Un día discutí feo con alguien que amo muchísimo. Ambos sentíamos que teníamos razón, y tal vez sí, los dos teníamos buenos argumentos. Pero el amor estaba asfixiado entre tanta lógica y orgullo. Nadie cedía.
Hasta que respiré hondo, tragué saliva (y orgullo), y le dije:“No importa quién tiene razón. Me importas tú. ¿Podemos empezar de nuevo?”
Lloramos. Reímos. Nos abrazamos.
Y en ese instante entendí lo que es Hod de Jésed: un puente hacia el corazón del otro, hecho con humildad.
Ejercicio del día (que transforma relaciones):
Traga tu orgullo y reconcíliate con alguien a quien amas.
No esperes más. No planees el discurso perfecto. No le pongas condiciones.
Solo ve y dile: “Me importas más que esta discusión.”
Y luego mira lo que pasa…
No solo en la relación. También en ti.
¿El amor me hace sentir humilde?
¿O a veces me hace sentir superior, sabiendo que “yo soy quien ama más”?
¿Reconozco que amar es un privilegio?
¿Agradezco a quien me permite amarle?
Si tu respuesta es sí… ve y hazlo notar.
Y si es no… ve y empieza hoy.
Comparte este artículo con alguien a quien amas…
Y si tienes algo pendiente con esa persona, aprovecha este impulso y escribe ese mensaje, haz esa llamada, da ese abrazo.
Porque nunca se pierde por amar con humildad.
Se pierde por esperar demasiado a que el otro lo haga primero.
¿Te gustó? ¿Te movió algo?
Escríbelo. Compártelo. Y si te nace, cuéntame en los comentarios a quién vas a ir a buscar hoy.
Porque tal vez esa persona está esperando…
exactamente lo mismo.

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