(3 segundos y ya te cayó el 20, ¿cierto?)
¿Alguna vez te has sentido usado por amar demasiado? ¿O te has visto exigiendo amor como si fuera una deuda que el otro te debe?
Si te pasa, no estás sol@… y no estás mal, solo te falta una clave mágica: Disciplina en el Amor.
Hoy es el Día 2 del Ómer, y toca trabajar Guevurá en Jésed:
Es decir, poner límites donde hay amor… o en otras palabras: amar sin ahogar, sin anularte, sin desaparecerte.
Vamos por partes… ¿qué onda con esta energía del día?
En el mundo emocional, Jésed es esa energía generosa, como un río que quiere dar sin parar. Es amor a chorros, abrazo sin fin, dulzura que embriaga…
Pero cuando no se regula, se desborda… y todo lo que era hermoso, termina por volverse abrumador, pegajoso o incluso invasivo.
Aquí entra la otra parte del combo: Guevurá.
Guevurá es el borde del río, la compuerta, el sabio que dice: “sí, pero no todo al mismo tiempo”. Es la disciplina, la restricción, la mesura, la que cuida que no se destruya la relación (ni tú en el proceso).
Entonces… ¿qué es amar de verdad?
No es decir “te amo” cada cinco minutos.
No es olvidarte de ti para que el otro esté bien.
No es perseguir o controlar.
Tampoco es dar sin preguntarte si el otro quiere eso, o si puede recibirlo.
Y por supuesto, no es convertirte en mártir ni esclavo de la emoción.
Amar de verdad es reconocer cuándo tu impulso amoroso necesita una pausa, una respiración, un límite…
Es saber que a veces el amor más grande es decir: “no puedo darte más sin lastimarme” o “esto no te lo doy, porque te haría daño”.
¿Y cómo aplico esto en la vida real?
Aquí va un pequeño ritual de conciencia para el día de hoy:
Revisa tu amor en todas sus formas. Con tus parejas, tus hijos, tus amigos, tus mascotas, tu trabajo… ¿Estás dando más de lo que puedes? ¿Estás esperando recibir lo que el otro no puede darte? Haz una pausa antes de actuar por impulso. Pregúntate: “¿Esto que voy a decir o hacer, lo hago por amor o por necesidad de control, aprobación o miedo a ser abandonado?” Elige una acción concreta de amor con mesura. Puede ser decirle a alguien “te quiero” sin esperar respuesta. O darte un tiempo para ti aunque el otro te necesite, porque tú también importas. Reemplaza cada pensamiento crítico por uno de apreciación. Esto aplica tanto contigo como con los demás. Si hoy ibas a quejarte de ti, de tu pareja, de la vida… cambia el chip: agradece algo, reconoce algo, valora algo.
Una reflexión de corazón:
Muchas veces creemos que amar mucho es amar bien…
Pero no, no se trata de intensidad, sino de armonía.
El amor verdadero no es una fogata que quema todo a su paso,
es una vela encendida que sabe durar toda la noche sin consumirse de golpe.
Hoy tienes una oportunidad…
De sanar tu forma de amar.
De hacer que tu cariño tenga raíces profundas y ramas firmes.
De ser dulce, pero no empalagoso.
De cuidar, pero no invadir.
De amar, sin dejar de ser tú.
Llamado a la acción:
Solo por hoy, dale una estructura a tu amor.
Ponle límites a lo que das… no para dar menos, sino para dar mejor.
Y si quieres hacer esto acompañado, mándale este artículo a alguien a quien le estés aprendiendo a amar. O a alguien que te ame y a veces se le pase la mano…
Porque aprender a amar con mesura, también es un acto de amor profundo.
¿Te animas a intentarlo hoy?
Cuéntame en los comentarios: ¿cuál ha sido tu mayor lección sobre amar con límites?

Deja un comentario