A veces sentimos que estamos haciendo todo “bien”… y aún así algo falta.
Como si lleváramos años construyendo una versión de nosotros mismos,
pero el rompecabezas sigue incompleto.
Hacemos el trabajo interior, buscamos la espiritualidad, nos esforzamos por sanar…
y aún así sentimos ese vacío.
No es tristeza.
Es otra cosa.
Es la ausencia de completitud.
¿Y si te dijera que esa pieza que falta se llama Maljut?
Maljut no es solo un concepto… es la parte de ti que viene a reinar
En la Kabbalah, Maljut es la sefirá del “recibir con conciencia”.
Es la manifestación.
Es el resultado de todo lo que has trabajado, entendido, vivido y corregido.
Es el octavo día.
La coronación después de los siete días del alma.
Y no, no llega sola.
Se construye.
Paso a paso.
Como lo hicieron Aharón y sus hijos:
7 días de consagración profunda,
de entrega total,
para poder recibir el nivel más alto de conexión:
la Completitud de Maljut.
¿Qué significa esto en tu vida real?
Significa que no viniste solo a aprender, sanar, acumular información espiritual y leer frases bonitas.
Viniste a encarnar.
A vivir tu sabiduría.
A convertirte en un canal completo, con los pies en la tierra y el alma conectada al cielo.
Y eso, compa, es lo que Maljut representa.
Entonces… ¿cómo llego a Maljut?
Aquí te va el camino, explicado con el corazón y con los pies en el suelo:
1. Reconoce tus siete Sefirot interiores
Tu amor (Jésed), tu fuerza (Guevurá), tu equilibrio (Tiféret), tu constancia (Nétzaj), tu humildad (Hod), tu creatividad (Iesod), y tu capacidad de recibir (Maljut).
Pero… ¡falta algo!
2. Conéctate con Biná: la madre de la Luz
Biná es la inteligencia emocional elevada.
Es el “entender con el alma”.
Y sin esa energía maternal, amorosa y profunda… lo demás se queda sin raíz.
3. Conságrate, como lo hicieron los kohaním
No necesitas vestirte de blanco ni irte al desierto.
Pero sí necesitas entregarte con intención durante 7 días (o 7 momentos sagrados) a lo que sí quieres manifestar.
Dedícale tiempo diario a tu evolución espiritual, emocional y corporal.
Ese es tu “retiro de consagración”.
4. Celebra el octavo día
Maljut aparece cuando todo lo anterior se alinea.
No es un logro.
Es una consecuencia natural de haber hecho el trabajo interno real.
Ese día, aunque no veas fuegos artificiales, vas a sentir algo distinto:
la sensación de estar completo.
De no tener que buscar más afuera.
De saber que estás listo para reinar tu vida.
Una imagen poderosa…
Se dice que el sacerdote, al final de su proceso, usaba ocho vestiduras de gloria.
Y no es que se vistiera de gala…
Es que estaba completo arriba y abajo.
Conectado con la Luz, y anclado en la Tierra.
Como tú puedes estar.
Porque el trabajo espiritual no es irse volando…
Es aprender a estar aquí, siendo Luz con cuerpo, emociones, errores y todo.
Y aún así… brillar.
Reflexión final: La octava nota
En la música, después del séptimo tono, viene la octava…
pero la octava es un nuevo comienzo.
Es la misma nota, pero en otra frecuencia.
Así también, después de tus siete días de trabajo interior, viene Maljut.
No para terminar el camino,
sino para empezar uno más elevado.
¿Y ahora qué?
No postergues tu octavo día.
Elige una intención.
Dedica tus próximos siete días a conectar con tus cualidades internas.
Ama, enfócate, fluye, agradece, perdona, suelta, recibe.
Y al octavo…
Corónate.
Si vas a hacerlo, escribe: “Estoy preparando mi coronación”.
Y si conoces a alguien que está buscando la pieza que le falta para sentirse completo,
mándale este artículo.
Porque todos merecemos recordar que nacimos para reinar, no para arrastrarnos.

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