A veces sentimos que arrastramos cosas que ya deberían estar en el pasado.
Errores que cometimos, decisiones que tomamos desde el miedo, cosas que no hicimos por falta de valor.
Y aunque nadie lo vea, por dentro… pesan.
No porque seamos malos. Sino porque somos humanos.
Y lo que duele no es el pasado.
Lo que duele es no saber cómo limpiarlo.
Cómo liberarte sin necesidad de sufrir más.
Cómo cerrar ciclos sin cargar culpas eternas.
Cómo sanar… sin repetir.
El secreto tiene nombre: Tikkún Jatzot
Suena exótico, lo sé.
Pero no es magia, ni ritual loco.
Es una práctica espiritual profunda, tierna, sabia y antigua… que te permite limpiar la negatividad sin que la vida tenga que darte lecciones a golpes.
Sí, tal cual:
corregir con conciencia, en vez de corregir con dolor.
¿Qué es eso del Tikkún Jatzot?
Literalmente significa “Corrección de Medianoche”.
Es una práctica de los kabbalistas donde, en la calma de la noche (cuando el mundo duerme), el alma despierta.
Y justo ahí, puedes entrar en contacto con lo más honesto de ti, sin máscaras, sin ruido, sin exigencias.
En esa hora sagrada, la Luz no juzga.
No hay regaños, ni castigos.
Solo una oportunidad REAL de ver qué onda contigo… y empezar a soltar lo que no te deja avanzar.
¿Por qué de noche?
Porque cuando el mundo exterior se apaga, el mundo interior se prende.
Porque ahí no estás actuando para que te aplaudan.
No estás buscando likes.
Estás ahí, con tu alma, frente al Creador, diciéndole:
“Quiero cambiar. Quiero limpiar. Quiero conectar.”
Y eso… mueve los cielos.
El Zóhar lo dice claro
Dice que la Torá —cuando se estudia de noche— actúa como una madre que acaricia a su hijo.
No lo regaña.
Lo toma con ternura y le muestra, con amor, en qué se equivocó… y cómo puede mejorar.
Sin gritos.
Sin culpa.
Solo con misericordia.
Entonces… ¿cómo empiezo?
Aquí va una guía sencilla, sin poses y sin rollos místicos:
1. Elige un momento en la noche, cuando ya todo está tranquilo.
Puede ser a medianoche o cuando tú sientas que es tu momento sagrado.
2. Haz silencio y respira.
Nada de prisa. Solo presencia.
3. Habla contigo. Y si crees en algo superior, habla también con Él.
No necesitas fórmulas. Solo sinceridad.
“Esto es lo que me duele. Esto es lo que me pesa. Esto quiero cambiar.”
4. Estudia algo que te eleve.
Un texto del Zóhar, un pasaje de la Torá, un fragmento de sabiduría que te inspire.
Conecta con el alma, no con la mente crítica.
5. Termina con gratitud.
Porque incluso con tus errores, estás vivo.
Y eso ya es un milagro.
Reflexión para cerrar
Muchas veces creemos que el sufrimiento es la única forma de redención.
Que si no nos duele, no vale.
Pero la Kabbalah dice otra cosa:
El dolor puede purificar, sí… pero la conciencia también.
Y tú tienes el poder de elegir.
¿Vas a esperar a que la vida te sacuda?
¿O prefieres empezar a hacer el trabajo tú mismo… desde el amor?
¿Y ahora qué?
Hazlo esta noche. No esperes a estar “listo”.
Busca tu momento de silencio.
Respira.
Y empieza a hablar contigo desde la verdad.
Si ya lo hiciste o lo vas a intentar, escríbeme: “Estoy limpiando con Luz”
Y si conoces a alguien que necesita saber esto, mándale este mensaje.
La limpieza más poderosa no viene del dolor.
Viene del deseo profundo de ser más tú.
Más conectado.
Más libre.

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