¿Te ha pasado que sientes que haces todo bien, y aún así algo te falta?
¿Como si tu vida estuviera casi en orden, pero en el fondo, algo no está encajando?
¿Y si ese “algo” fuera la Luz interior?
Sí, esa que no se ve pero que lo cambia TODO cuando está encendida.
Te cuento algo…
Hay una enseñanza que me voló la cabeza la primera vez que la leí. Dice que al final, todo se revela.
No importa cuánto tratemos de aparentar, de esconder o incluso de convencernos a nosotros mismos…
La Luz (sí, con mayúscula), tarde o temprano, nos desnuda.
Y no hablo de un juicio divino con rayos y truenos.
Hablo de ese momento en el que la vida —a veces en un suspiro, otras en una cachetada— te muestra si estás viviendo alineado con lo que viniste a ser… o si solo estás sobreviviendo en automático.
¿Qué tiene que ver el Sol con esto?
En la Guemará (libro sagrado de sabiduría judía), se dice que un día el Creador sacará el Sol de Su “bolsillo” y…
¡pum!
Para los tzaddikim (los justos de verdad), ese Sol será sanación. Pero para quienes vivieron desde la oscuridad… será puro fuego.
¿Por qué? Porque la Luz muestra lo que realmente somos.
Y si no estás alineado con la Luz, duele. Quema. Desnuda.
¿Quiénes son esos tzaddikim?
No son santos flotando ni gurús en la cima del Himalaya.
Son personas que —aun con miedo, dudas y fallas— se levantan todos los días con un deseo real de estar en concordancia con la Luz.
No son perfectos, pero están conectados.
Y ese deseo sincero los hace moverse, crecer, corregir, aprender, dar y dar más.
El miedo que ilumina
Sí, los tzaddikim también tienen miedo.
Pero no le temen al fracaso, ni a no ser populares, ni a perder likes en Instagram.
Tienen un miedo muy peculiar: ”¿Y si no estoy haciendo suficiente para recibir más Luz?”
Y ese miedo no los paraliza, los impulsa.
Es un fuego interno que no destruye: construye.
¿Y tú? ¿Desde dónde estás viviendo?
Mira, todos jugamos a veces el papel de “persona luminosa”, pero en realidad estamos frustrados, apagados o simplemente desconectados.
Y no pasa nada, no hay culpa.
A mí me pasó. A muchos les pasa.
Pero justo por eso esta reflexión es oro puro: cuando te conectas con la Luz del Creador, ya no tienes que fingir.
No hay personaje que actuar, ni fachada que sostener.
Rav Brandwein decía…
Que cuando llegas al mundo de la verdad (ese donde ya no hay filtros ni máscaras), te preguntan:
“¿Cuál fue tu mayor logro?”
Y hay quienes dicen:
“Pues… todos me querían.”
Y eso, lejos de ser bueno, revela que vivieron solo para agradar, para encajar, para no incomodar.
No vivieron desde su Luz.
Vivieron desde la aprobación de los demás.
Y eso, amigo, amiga, es una tragedia silenciosa.
Entonces… ¿cómo me conecto con la Luz?
Te dejo un desglose sencillo, poderoso y real:
1. Hazte esta pregunta al despertar:
“¿Qué puedo hacer hoy que me acerque más a quien verdaderamente soy?”
2. Observa tus acciones cuando nadie te ve.
No para juzgarte, sino para entenderte. ¿Actúas desde el deseo de conectar o desde el deseo de controlar?
3. Actúa con integridad, aunque nadie lo note.
La Luz responde a la verdad, no a los aplausos.
4. Agradece profundamente.
No porque “debes”, sino porque es el combustible de la conexión.
5. Rodéate de personas que quieran Luz, no fama.
Tu entorno importa más de lo que imaginas.
6. Estudia y medita sobre sabiduría que eleve.
La Kabbalah, por ejemplo, no es mística vacía: es un mapa para recordar quién eres.
Una última reflexión (y va con cariño)
No estás aquí solo para pagar cuentas, cumplir metas sociales y ser “una buena persona”.
Estás aquí para brillar.
Literal.
Y si has sentido que por dentro algo te pide más… no es ambición, no es ansiedad: es tu alma tocándote el hombro.
Pidiéndote, por favor, que te pongas en concordancia con la Luz.
¿Y ahora qué?
Si esta lectura te movió, si te recordó algo que sabías pero habías olvidado, te tengo una propuesta:
Comenta una acción que vas a hacer hoy para alinearte con tu Luz.
Hazlo aquí abajo, y si quieres, compártelo con alguien que también necesite este mensaje.
Porque la Luz compartida… se multiplica.

Deja un comentario