Y no, no me refiero a tus pláticas internas sobre qué vas a cenar…
La Kabbalah y el Zóhar lo dicen clarito: Di-s sí habla. Todos los días. En sueños, en personas, en señales sutiles.
El problema no es que no hable.
El problema es que no escuchamos.
¿La razón? El ruido del ego.
Y hay una letrita diminuta que nos da la clave para bajarle el volumen a ese ruido: una Álef pequeña.
Esa letra aparece en la palabra “Vaikrá” —“y llamó”— cuando Di-s llama a Moshé.
¿Sabes qué significa?
Que para escuchar a la Luz, hay que hacerse pequeño. No menos, más profundo.
La oportunidad: Dejar de gritarle al cielo y empezar a escuchar su susurro
No necesitas ser profeta, ni tener conexión VIP.
Solo necesitas bajar un cambio, abrir tu alma y apagar el “yo, yo, yo”.
Aquí te va el paso a paso, sin filtro y con cariño:
Cómo empezar a escuchar la Voz del Creador (sin cambiar de religión ni mudarte al desierto):
1. Haz espacio para el silencio.
Di-s no compite con el ruido. Cada día, regálate 5 minutos sin celular, sin redes, sin exigencias. Solo tú y tu alma.
2. Baja el ego con humildad real.
No se trata de sentirse menos, sino de recordar que somos parte de algo mucho más grande. La Álef pequeña nos enseña: sé grande por dentro, silencioso por fuera.
3. Reconoce las señales cotidianas.
A veces Di-s te habla con una canción, con el comentario de alguien, con ese libro que te cayó “de casualidad”. Ábrete a notar.
4. Haz preguntas desde el alma.
En vez de decir: “¿Por qué me pasa esto?”, cambia a “¿Qué me quiere enseñar esto?”. Pregunta diferente, respuesta más elevada.
5. Agradece por cada mensaje, aunque no lo entiendas al 100.
Porque la gratitud abre canales… y las quejas los bloquean. Si no entiendes, no te frustres. Confía. La comprensión llega con el tiempo.
Reflexión desde el corazón (sin pose mística)
Yo también he pasado por momentos donde siento que “nada me habla”, donde todo parece ruido y desconexión.
Pero cuando me atrevo a bajarle al volumen interno y dejar de querer tener la razón, empiezan a aparecer señales que me vuelan la cabeza.
Una frase, un sueño, una emoción que me sacude.
Y pienso: caray… ahí estabas hablándome y yo acá ocupado en mis dramas mentales.
La Álef pequeña me recuerda cada vez que el camino para escuchar más, es hablar menos desde el ego.
Y eso… se siente como volver a casa.
¿Y tú, qué tanto estás escuchando?
Te propongo algo sencillo:
Mañana en la mañana, antes de correr al día, siéntate 3 minutos.
Respira. Baja la guardia.
Y en silencio, solo di:
“Estoy aquí. Estoy escuchando.”
Y luego observa… algo va a pasar.
Cuéntame qué escuchas, qué sientes, qué descubres.
No estás solo. Solo necesitas bajar el volumen para escuchar lo que siempre ha estado ahí.

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