Sí, ya sé lo que estás pensando: “¿Qué tienen que ver los sacrificios del antiguo templo conmigo, que solo me estoy sacrificando por levantarme cada lunes?”
Pero agárrate, porque esto te va a volar la cabeza…
La palabra Korban, que traducimos como “sacrificio”, en realidad viene de karov, que significa acercarse.
¡BOOM!
O sea, nada que ver con tortura animal o rituales oscuros. Era un acto de acercamiento, de conexión, de alineación con tu propósito y con la Luz del Creador.
La oportunidad: Acercarte a lo que de verdad importa (sin tener que sacrificar una vaca)
Hoy no necesitamos un altar, ni incienso, ni sacerdotes.
Lo que sí necesitamos —y mucho— es sentido.
Y eso es lo que el concepto kabbalístico de korbanot viene a recordarnos:
que todo acto consciente, hecho con intención y corazón, puede acercarnos a la Luz.
Paso a paso para vivir un Korban hoy (sin túnica y sin levitas):
1. Identifica qué parte de ti necesita alinearse.
¿Tu paciencia? ¿Tu fe? ¿Tu motivación? A veces andamos desenfocados sin saberlo. Detectarlo es el primer paso.
2. Reconoce tu deseo de acercarte.
El alma grita por volver a casa. Cada vez que eliges el bien sobre el ego, te estás acercando. Así de simple y así de poderoso.
3. Haz un pequeño “sacrificio” con intención.
No se trata de sufrir, sino de elegir. Por ejemplo, dejar de reaccionar con enojo o decir “no” a algo que sabes que no te hace bien. Ese acto es tu ofrenda.
4. Conéctate con el propósito.
Hazlo con conciencia, no en automático. Porque lo que transforma el acto en espiritual no es el qué, sino el cómo y el para qué.
5. Hazlo parte de tu rutina espiritual.
No esperes un momento perfecto. Cada día es una mini oportunidad de Korban. Así como hay gym para el cuerpo, esto es gym para el alma.
Reflexión desde el alma (con cafecito en mano)
Yo también solía pensar que los sacrificios eran algo brutal y lejano.
Pero cuando entendí que se trataba de acercamiento, de reconexión… ¡pfff! todo cambió.
Me di cuenta que cada vez que dejo de actuar por puro ego, estoy haciendo un Korban.
Cada vez que elijo lo que me alinea con mi propósito en vez de lo cómodo, me estoy acercando a la Luz.
Y, ¿sabes qué? Se siente bien. Se siente auténtico. Se siente como si algo dentro de ti dijera “¡por fin!”.
Porque eso que llamamos sacrificio no es una renuncia, es un regreso.
¿Y tú, estás listo para volver?
No tienes que cambiar tu vida de un jalón. Solo empieza con un acto al día.
Uno. Con intención.
Ese puede ser tu Korban.
Tu acto de acercamiento.
Tu caminito de regreso a ti.
Cuéntame en los comentarios, ¿qué pequeño sacrificio podrías hacer hoy para reconectarte?

Deja un comentario