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¿Y si el problema no es lo que deseas… sino cómo lo deseas?

Seguro te ha pasado: Estás pidiendo con todo tu corazón —una pareja real, estabilidad, éxito, claridad— y parece que el universo nomás no pela. Y es fácil caer en el “¿qué estoy haciendo mal?”. Pero ¿y si no estás haciendo nada mal… solo que no estás deseando desde el lugar correcto? La Kabbalah lo llama…

Seguro te ha pasado:

Estás pidiendo con todo tu corazón —una pareja real, estabilidad, éxito, claridad—

y parece que el universo nomás no pela.

Y es fácil caer en el “¿qué estoy haciendo mal?”.

Pero ¿y si no estás haciendo nada mal… solo que no estás deseando desde el lugar correcto?

La Kabbalah lo llama “equivalencia de forma”.

Y sí, suena místico, pero es más práctico de lo que crees:

La oportunidad que pocos ven:

No se trata solo de pedir cosas buenas… sino de convertirse en alguien capaz de recibirlas sin perderse en el ego.

La Luz del Creador está hecha de un solo deseo: compartir.

Y nosotros, por diseño humano, venimos cargados con el deseo de recibir.

Entonces, ¿cómo rayos se supone que nos conectemos si somos lo opuesto?

Aquí es donde entra la magia:

Paso 1: Reconoce el deseo —sin juicio

Desear no está mal.

El deseo es el motor de todo.

Lo importante es desde dónde lo estás deseando.

¿Quieres esa relación para sentirte completo?

¿O para compartir más amor desde quien ya eres?

Paso 2: Usa el deseo como herramienta, no como excusa

No se trata de apagar tus ganas.

Se trata de transformarlas.

Pedir para compartir.

Anhelar para servir.

Soñar para expandir, no solo llenar vacíos.

Paso 3: Acéptalo… no puedes hacerlo solo

Aquí viene la paradoja:

Necesitamos la Luz para ser afines a la Luz.

Y eso está bien.

No tienes que ser “perfecto” antes de recibir.

Solo tienes que invitarla a ayudarte a transformarte.

Estar dispuesto es más poderoso que estar listo.

A veces creemos que no merecemos la bendición hasta haber sanado todo.

Pero la verdad es al revés:

la bendición es justo lo que te ayuda a sanar.

Deja de esperar a “estar listo”.

Empieza a desear con conciencia.

A pedir con humildad.

A compartir aunque no tengas todo resuelto.

Hoy, date chance de pedir.

Pero hazlo desde otro lugar:

Desde las ganas de dar, de elevar, de construir con otros.

Haz una acción que transforme tu deseo en canal.

Puede ser algo simple: dar un consejo, escuchar a alguien sin juzgar, agradecer lo que ya tienes.

Y si esto te hizo ruido (del bueno), cuéntamelo.

¿Qué vas a transformar hoy: tu deseo, tu intención o tu forma de pedir?

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