(Sí, te lo tengo que decir así porque si no, ni lo miras… y esto puede cambiarlo todo)
Vamos directo al grano:
¿Alguna vez sentiste que estás haciendo todo “bien”, pero igual nada se manifiesta?
Como si ya tuvieras el currículum, los contactos, el taller de chakras, los cristales bien cargados… pero la cosa no arranca.
Bueno… Moshé también tenía TODO listo: el Tabernáculo terminado, el mobiliario perfecto, las vestiduras impecables, el incienso fino…
¿Y adiviná qué? Nada pasaba.
Cero luz. Cero presencia divina. Cero magia.
¿Por qué?
Porque aún faltaba algo más profundo que lo físico: la pureza de intención.
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La oportunidad que nunca te contaron:
La Kabbalah nos revela que la Luz del Creador no entra en cualquier lugar, por más hermoso, espiritual o instagrameable que parezca.
Tiene estándares. Y no son de Pinterest, son energéticos.
¿Querés manifestar cosas reales en tu vida?
Tenés que preparar tu propio Tabernáculo interno.
Y no, no hablo de incienso ni de meditar con música de flautita.
Hablo de hacer espacio real en tu vida para lo Divino.
Y eso empieza por 3 pasos clave, que Moshé nos modela con maestría:
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1. Revisa lo que traes a tu altar
Moshé pidió un recuento exacto de todo lo que la gente donó para construir el Tabernáculo.
No por controlador.
¡Por transparente!
Sabía que donde hay energía divina, también hay riesgo de malinterpretación. Y él no iba a dejar ni una gota de duda.
¿Qué estás trayendo vos a la mesa?
¿Son tus intenciones limpias?
¿Tu servicio viene del corazón, o estás buscando palmaditas y likes?
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2. Sé un canal, no el protagonista
Moshé no se apropió del proyecto. Coordinó, sí. Dirigió, obvio.
Pero siempre entendió que él era el canal, no el dueño del show.
¿Cuántas veces nos agarramos del ego justo cuando la luz está por entrar?
Eso bloquea TODO.
El Creador no entra donde ya hay alguien diciendo: “Esto es mío”.
La presencia divina necesita humildad para fluir.
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3. Dejá espacio para lo sagrado
Aunque todo estaba terminado, la Shejiná (la Presencia Divina) no bajó hasta que Moshé lo puso todo en su lugar.
El orden importa. La intención importa. El tiempo importa.
Esos momentos finales de silencio y reverencia… también son parte del ritual.
¿Dejás espacio en tu vida para que lo divino se manifieste?
¿O estás llenando cada segundo con tareas, series y ruido mental?
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Reflexión final:
No necesitás construir un templo.
Pero sí tenés que crear un espacio dentro de vos donde la Luz quiera habitar.
Eso significa honestidad con vos mismo, coherencia, humildad y ganas reales de servir.
No es algo que haces una vez.
Es una práctica.
Una danza diaria entre el hacer y el ser.
Entre lo físico y lo invisible.
¿Qué vas a hacer con esto?
Te desafío a que esta semana:
1. Hagas un inventario honesto de tus intenciones.
2. Elijas una sola acción diaria que hagas sólo por compartir.
3. Abras un espacio (aunque sea de 5 minutos) donde tu alma pueda respirar.
Y después, contame:
¿Qué cambió?
Te leo en los comentarios.
Y si esto te hizo click, compartilo.
Porque todos estamos construyendo un Tabernáculo, aunque no lo sepamos.

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