Hablemos de algo real. ¿Cuántas veces has querido cambiar algo en tu vida, pero sientes que, por más que lo intentas, te estás saboteando? Es como si una parte de ti dijera: “¡Vamos, tú puedes!”, mientras otra responde: “Mejor quédate como estás. Total, no es para tanto”.
La Kabbalah tiene un término para esto: la guerra espiritual. Pero no te asustes, no es una lucha contra demonios externos o cosas raras. Es una batalla interna entre tu yo que quiere crecer y esa parte cómoda que prefiere quedarse donde está.
La lucha más importante de tu vida
Todos, sin excepción, tenemos algo llamado negatividad interna. No importa si eres CEO, estudiante o estás buscando tu propósito. Esa voz negativa que te dice: “No vas a poder”, “No es el momento” o “Mejor mañana” está siempre ahí. Y aquí está la verdad: esa voz no es más fuerte que tú, pero sí es insistente.
¿Por qué es tan difícil? Porque crecer no es fácil. Mejorar, cambiar, salir de lo cómodo… duele un poco. Es como ir al gimnasio después de meses (o años). Al principio sientes que todo te cuesta, pero si sigues, te das cuenta de que valió la pena.
La Kabbalah lo deja claro: la espiritualidad no es un accesorio bonito para los días buenos. Es una disciplina, una práctica diaria y constante que requiere esfuerzo total. No es suficiente con “intentar”. Es comprometerte con tu transformación como si tu vida dependiera de ello (porque, spoiler: ¡depende!).
¿Por qué vale la pena pelear esta guerra?
Piensa en esto: cada vez que decides enfrentar esa parte negativa, estás creando espacio para algo mucho más grande. Cada pequeño acto de disciplina –levantarte más temprano, meditar, comer mejor, ser más amable contigo mismo– es un golpe directo a esa negatividad.
Y aquí está el truco: no se trata de pelear con odio o rechazo hacia tu lado negativo. Se trata de comprender que esa parte de ti solo existe para retarte, para que te vuelvas más fuerte. ¿Te imaginas qué aburrida sería la vida si no tuviéramos nada que superar?
¿Cómo luchas y ganas esta batalla?
1. Acepta que es una guerra diaria. No se trata de ganar una vez y listo. Cada día es una nueva oportunidad para elegir crecer.
2. Pon toda tu energía. Si intentas cambiar solo “a medias”, no funcionará. Es un “todo o nada”. Dedica tiempo y enfoque a trabajar en ti.
3. No lo hagas solo. Pide ayuda, conecta con algo más grande (el Creador, el universo, como quieras llamarlo) y deja que esa fuerza te impulse cuando te falten las ganas.
Tu victoria más grande
Esta guerra no es fácil, pero es la más importante que pelearás. Porque cuando empiezas a ganarla, te transformas. Descubres que puedes ser más fuerte, más consciente y más brillante de lo que imaginaste.
Así que, la próxima vez que escuches esa voz negativa diciéndote que no vale la pena, sonríe. Esa es la señal de que estás en el camino correcto. Toma tu fuerza, tu disciplina, y sigue adelante. El mundo necesita a la mejor versión de ti. Y créeme: ¡esa versión está esperando que des el primer paso!

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