Hay días en los que simplemente no podemos más. Todo nos pesa, la rutina nos atrapa, y aunque sabemos que deberíamos estar haciendo algo por nosotros mismos, simplemente no encontramos la fuerza. Nos sentimos abrumados, como si algo nos estuviera ahogando por dentro.
Esto no es algo nuevo. Hace miles de años, el pueblo de Israel pasó por lo mismo. Cuando Moisés les habló de la liberación, no pudieron escucharle. No porque no quisieran, sino porque estaban atrapados en algo más profundo: la “congoja de espíritu.”
La Kabbalah nos enseña que esta “congoja de espíritu” no es solo cansancio físico. Es esa sensación de estar tan sumergidos en la rutina, el trabajo y las preocupaciones diarias, que perdemos nuestra conexión con algo más grande: nuestro propósito, nuestra esencia, nuestra luz interior.
¿Te suena familiar?
A veces nos sentimos igual. Corremos de un lado a otro, cumpliendo con nuestras obligaciones, tachando pendientes, pero al final del día nos queda esa sensación de vacío. Nos decimos que “no tenemos tiempo” para meditar, para conectar, para hacer lo que realmente nos llena… y así pasan los días, los meses, los años.
El Zóhar explica que cuando estamos atrapados en este estado, nos desconectamos de la Luz del Creador. La presión externa se vuelve tan fuerte que simplemente no dejamos espacio para lo espiritual, para el crecimiento personal. Y lo peor es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta.
¿Cómo podemos salir de este ciclo?
No es fácil, pero es posible. La clave está en recordar que el trabajo y las preocupaciones son solo una parte de la vida, no el todo. Podemos empezar con pequeños momentos de conexión:
• Dedica unos minutos al día para reflexionar, leer algo que te inspire o simplemente respirar.
• Aprende a hacer pausas y pregúntate: ¿esto realmente me acerca a la vida que quiero?
• Encuentra formas de traer más luz a tu rutina, sin importar cuán ocupada esté tu agenda.
¿Qué ganas al hacerlo?
Cuando decides hacer una pausa y reconectar, recuperas claridad, energía y, sobre todo, esa sensación de propósito que te hace levantarte con ganas cada día. Empiezas a vivir con más intención, en vez de simplemente sobrevivir.
¿Y qué pierdes si no lo haces?
Si sigues en el piloto automático, corres el riesgo de despertarte un día sintiéndote completamente perdido, preguntándote en qué momento te desconectaste de lo que realmente importa.
Toma un respiro. Libérate un poco de esa congoja de espíritu. No tienes que hacerlo todo de golpe, pero sí puedes empezar hoy, ahora.
La pregunta es: ¿vas a seguir dejando que la rutina te ahogue o vas a empezar a recuperar tu conexión?

Deja un comentario