A veces sentimos que la vida nos da duro. Hay momentos en los que parece que todo está en nuestra contra, y nos preguntamos: ¿por qué me pasa esto a mí? Pero, ¿y si te dijera que detrás de cada desafío hay una clave oculta que podría cambiar por completo tu forma de ver las cosas?
Hablemos de algo poderoso: la dualidad entre juicio y misericordia, dos fuerzas espirituales que influyen en nuestra vida más de lo que creemos. En la tradición cabalística, se nos dice que el Creador se manifiesta de dos maneras: como Elo-him, que representa el juicio, y como HaVaIáH, que representa la misericordia. Y lo interesante es que ambas están siempre presentes, incluso cuando sentimos que la balanza está inclinada a un solo lado.
¿Por qué sentimos que solo recibimos juicio?
Piensa en esos días en los que nada te sale bien. Tu jefe está encima de ti, tus planes no funcionan, y sientes que todo está en tu contra. En esos momentos, es fácil pensar que el universo simplemente no está de nuestro lado. Pero, ¿qué pasaría si supieras que el juicio, en realidad, es una forma de guía? No es un castigo, sino una oportunidad para ajustar el rumbo.
La Kabbalah nos enseña que el juicio (Elo-him) nos ayuda a crecer, a enfrentar nuestras debilidades y hacernos más fuertes. Es como un entrenador que no te deja rendirte porque sabe de lo que eres capaz. Pero aquí viene el giro: la misericordia (HaVaIáH) también está ahí, incluso cuando no la vemos. Es esa energía de amor y compasión que nos sostiene en los momentos más duros, recordándonos que no estamos solos.
La clave está en el equilibrio
El Zóhar, uno de los textos más profundos de la sabiduría cabalística, nos dice que el verdadero secreto está en la unión de estos dos aspectos. No se trata de elegir entre juicio o misericordia, sino de entender que ambos trabajan juntos. Cuando aprendemos a ver la vida desde esta perspectiva, dejamos de preguntarnos “¿por qué me pasa esto?” y comenzamos a ver qué podemos aprender de cada situación.
Imagínate si pudieras aceptar los desafíos como oportunidades disfrazadas y, al mismo tiempo, abrazar la misericordia que te da la fuerza para seguir adelante. ¿No sería increíble vivir con esa certeza?
¿Qué ganas al entender esto?
Cuando comienzas a ver la vida con este equilibrio, empiezas a experimentar algo profundo:
• Más paz interior. Dejas de pelear contra las circunstancias y comienzas a fluir con ellas.
• Más claridad. Entiendes que cada obstáculo tiene un propósito.
• Más poder personal. Dejas de sentirte víctima y empiezas a tomar decisiones desde un lugar de fuerza.
¿Y qué puedes perder si no lo haces?
Si sigues atrapado en la mentalidad de “todo es juicio” o “todo es misericordia”, puedes perder muchas oportunidades de crecimiento. Puedes quedarte atascado en la queja, en la resistencia y en la sensación de que no tienes el control.
Entonces, ¿cómo aplicarlo en tu vida?
Empieza observando tu día a día. Pregúntate: ¿estoy viendo esta situación desde un lugar de juicio o de misericordia? Haz pequeños cambios, reconoce cuándo necesitas disciplina y cuándo necesitas ser más amable contigo mismo. Porque, al final, la verdadera magia ocurre cuando encontramos el equilibrio entre ambos.
Así que la próxima vez que sientas que la vida te está “juzgando”, recuerda: también hay misericordia en el proceso. Solo tienes que aprender a verla.
Y tú, ¿estás listo para abrazar ambos aspectos y transformar tu vida?

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