Voy a ser sincero: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” suena genial en teoría, pero ¿cómo lo haces realidad cuando la gente puede ser tan… complicada? Es fácil amar a alguien que te cae bien, pero ¿qué pasa con aquellos que te desafían, te frustran o simplemente no entiendes? Aquí viene la sorpresa: esta frase no es solo un consejo ético. Es un atajo hacia la verdadera libertad espiritual.
No es sobre ser “buena persona”, es sobre conexión
La Kabbalah nos enseña que no estamos separados. Todos somos parte de un gran cuerpo espiritual, como órganos en un mismo sistema. Si un órgano sufre, todo el cuerpo lo siente. Si uno se sana, todos se benefician. Así que cuando amas a alguien, no solo les estás haciendo un favor, te lo estás haciendo a ti mismo.
¿Has sentido alguna vez alegría ayudando a alguien? Eso no es casualidad. Es tu alma recordándote que todos estamos conectados. Amar al prójimo no es una tarea extra; es la manera en que sanas tu propia vida.
Pero, ¿cómo hacerlo cuando es difícil?
Aquí está el truco: no veas a las personas como “otros”. Si alguien está sufriendo, piensa: “Ese dolor también es mío.” Si alguien está feliz, siente su alegría como tuya. Es como cuando te golpeas la mano derecha y la izquierda automáticamente la cuida. No dice: “No es mi problema.” Así es como funciona la verdadera unidad.
El Zohar dice que los justos, esas personas que viven con esta conciencia, están conectados con toda la humanidad. Su amor y esfuerzo por los demás no solo los eleva a ellos; nos elevan a todos. Y aunque no te sientas un “justo” (spoiler: nadie se siente así), cada pequeño gesto de amor al prójimo suma.
El poder de un simple cambio
Imagina cómo cambiaría tu vida si, en lugar de ver a las personas como obstáculos o desafíos, las vieras como reflejos de ti mismo. De repente, los enojos se convierten en oportunidades para aprender. Las frustraciones se transforman en empatía. Y en lugar de cargar con el peso del mundo, descubres que nunca has estado solo.
¿Qué puedes hacer hoy?
1. Empieza pequeño: Envía un mensaje sincero, ayuda a alguien sin esperar nada a cambio, o simplemente escucha con atención. Cada gesto importa.
2. Practica la conexión: Cuando alguien te moleste, respira y piensa: “¿Qué parte de mí puedo ver en ellos?”
3. Recuerda que estamos unidos: Todo lo que das, regresa. Y cuando ayudas a otros, estás ayudando a sanar el mundo entero.
El amor al prójimo no es un ideal, es una herramienta
No necesitas ser perfecto para empezar. El Zohar dice que cada acción de amor, por pequeña que sea, nos acerca más a la Luz. Así que, ¿por qué no intentarlo hoy? Al final, el amor al prójimo no solo sana relaciones, sana almas. Y cuando eso pasa, toda la humanidad da un paso adelante.
¿Listo para empezar? Comparte esto con alguien que necesite un recordatorio de que estamos juntos en esto. Porque, al final, amar al prójimo es simplemente amarte a ti mismo. Solo que, esta vez, a través de los ojos de otro.

Deja un comentario