A ver, seamos honestos: ¿cuántas veces has dicho “me encantaría hacer esto” pero lo has dejado en el aire porque, no sé, “qué pena”, “qué dirán”, o simplemente porque te ganó la flojera? La vida está llena de esas pequeñas cosas que soñamos hacer, pero por una razón u otra, nos frenamos. Hoy vamos a romper con eso. Hoy vas a hacer algo que NUNCA antes hayas hecho.
No importa qué tan loco o insignificante te parezca. Es más, entre más raro, mejor. Aquí no hay juicios, no hay burlas, solo un compromiso contigo mismo: hacer esa locura que te ronda la cabeza. Esa que siempre dices que sería divertida pero nunca te atreves.
¿Por qué hacerlo?
Porque la rutina y las estructuras que nosotros mismos nos imponemos son, muchas veces, nuestro mayor obstáculo. Decimos que queremos ser libres, vivir al máximo, pero no damos ni el primer paso. Soñamos con volar, pero seguimos con los pies pegados al suelo por miedo a hacer el ridículo.
Esto no se trata de impresionar a nadie, sino de liberarte. Cuando te atreves a salir de tu zona de confort, algo dentro de ti cambia. Te sientes vivo, ligero, capaz de conquistar lo que sea. Es como si un interruptor en tu mente se activara: “Ah, mira, puedo hacer esto. ¿Qué más puedo lograr?”
Te cuento una historia: mi ridículo como pájaro.
En una clase de tanatología nos pidieron un examen muy peculiar: hacer una locura y documentarla con una foto. Yo, que siempre había querido volar (porque sí, me imaginaba siendo un ave libre y majestuosa), decidí disfrazarme de pájaro y subirme a un árbol.
No te voy a mentir, me veía ridículo. Parecía una botarga que había perdido el rumbo, pero en ese momento no me importó. Me reí tanto, disfruté tanto, que ese simple acto rompió algo dentro de mí: el miedo al qué dirán. Y sabes qué, todavía me río al recordarlo.
No fui el único. Un hombre serio hizo un striptease (sí, lo hizo), y una señora mayor se disfrazó de payaso porque siempre había querido ser divertida como los comediantes. ¿Qué pasó después? Todos, absolutamente todos, salimos con una sonrisa gigante. Ese día no solo hicimos locuras; rompimos cadenas invisibles que llevábamos cargando.
Hoy es tu día.
Ahora te toca a ti. ¿Qué cosa loca, divertida o inusual siempre has querido hacer? Aquí van algunas ideas para inspirarte:
• Canta a todo pulmón en plena calle (aunque desafines).
• Llama a un amigo con quien no hablas hace años y dile cuánto lo extrañas.
• Sal a bailar bajo la lluvia.
• Ponte un disfraz absurdo y anda por tu casa como si fueras un rey o reina.
• Escribe un poema y léelo en voz alta para ti mismo, como si estuvieras frente a una multitud.
Elige algo que te emocione, que te saque una sonrisa solo de imaginarlo. No tiene que ser perfecto, solo tiene que ser TUYO.
No critiques, no te critiques.
Si en algún momento te sientes tonto, recuerda: no hay locura pequeña si te hace feliz. No te juzgues ni pienses en lo que otros puedan decir. Esto es para ti, para romper tus propios límites y celebrar que estás vivo.
El último paso: la foto.
Cuando lo hagas (porque sí lo vas a hacer, ¿verdad?), tómate una foto. No es para presumir, es para recordarte que fuiste valiente, que rompiste una barrera. Compártela con tus seres queridos, o si te animas, mándamela a apioquijano@yahoo.com.mx. ¿Por qué? Porque así creamos una cadena de inspiración. Si tú lo haces, alguien más se animará también.
Hazlo por ti.
Este ejercicio no es solo una tontería para pasar el rato. Es una declaración de que estás listo para vivir la vida que quieres, no la que los demás esperan. Así que ve, haz esa locura, diviértete, y siéntete orgulloso de haber hecho algo que nunca antes habías hecho.
¿Estás listo? Hoy puede ser el día en que cambies todo. ¡Atrévete!

Deja un comentario