Imagina esto: estás parado frente a una menorá encendida en Janucá, viendo cómo la luz de las velas atraviesa la oscuridad de la noche. Es un momento hermoso, pero también es un recordatorio. Un recordatorio de quién eres y de lo que estás llamado a ser.
¿Sabías que esa luz no es solo para ti? Sí, es un reflejo de tu identidad, de tu propósito, pero también tiene un significado mayor: está destinada a iluminar al mundo entero.
El profeta Isaías nos dice que el pueblo israelita es Or LaGoym, una luz para las naciones. No es solo una responsabilidad, es un privilegio. ¿Te das cuenta de lo que eso significa? Tienes la capacidad de hacer algo poderoso: inspirar, transformar, conectar.
Lo que Puedes Ganar al Ser Luz
Cuando decides ser esa luz, algo increíble sucede. No solo mejoras tu propia vida, sino que creas un impacto duradero en las personas a tu alrededor. Es como encender una vela con otra: la primera no pierde nada, pero ahora hay más luz en el mundo.
En el Talmud, se nos enseña que debemos colocar la janukiá en un lugar visible, para que todos vean su luz, israelitas y no israelitas por igual. ¿Por qué? Porque compartir la luz genera conciencia, despierta esperanza y conecta a las personas con algo más grande que ellas mismas.
Pero aquí viene lo mejor: no se trata de perfección. No tienes que ser un sabio o tener todas las respuestas. Basta con tener la intención de iluminar. Un acto de bondad, una palabra amable, una acción con propósito: todo suma.
Lo que Puedes Perder al No Compartir Tu Luz
Si decides no encender esa luz, algo también sucede. La oportunidad de conectar se pierde. La oscuridad —no solo en tu vida, sino también en la de los demás— se hace un poco más grande. Y lo más importante: pierdes una parte de tu propósito.
¿De verdad quieres pasar por la vida sin dejar tu huella, sin ser ese faro que otros necesitan? Piensa en lo que está en juego. Este mundo ya tiene suficiente división, suficiente caos. Lo que necesita es más luz. Tu luz.
¿Cómo Ser Luz para las Naciones Hoy?
Aquí es donde entra lo práctico, porque ser Or LaGoym no es solo un concepto bonito, es una acción diaria. Entonces, ¿qué puedes hacer para empezar hoy mismo? Aquí tienes algunas ideas:
1. Publicita el milagro. Como la menorá de Janucá, tu vida debe reflejar milagros. No necesitas esperar grandes momentos: celebra lo cotidiano, lo pequeño. Sé un ejemplo de gratitud y perseverancia.
2. Conecta desde el corazón. Habla con los demás, pero escucha también. ¿Qué necesitan? ¿Cómo puedes ayudar? A veces, ser luz significa simplemente estar presente.
3. Abraza tu identidad. No tengas miedo de mostrar quién eres. Cuando vives con autenticidad, inspiras a otros a hacer lo mismo.
4. Da sin esperar nada a cambio. Una acción altruista puede ser la chispa que alguien más necesita para encender su propia luz.
¿Qué Significa el Milagro de Janucá para el Mundo?
Piensa en el milagro de Janucá: una pequeña cantidad de aceite que iluminó más de lo que nadie imaginaba. Ese milagro no es solo historia; es una metáfora de tu potencial. Incluso si sientes que tienes poco que ofrecer, ese “poco” puede ser exactamente lo que este mundo necesita.
Al compartir esta luz, mostramos al mundo que la esperanza nunca muere, que incluso en tiempos de oscuridad, hay un camino hacia la redención. Y ese es el verdadero mensaje para las naciones.
Tu Momento para Brillar
Entonces, ¿qué vas a hacer hoy para ser esa luz? No necesitas grandes gestos. Empieza con algo pequeño: una sonrisa, una llamada, un acto de bondad. Porque cuando tú iluminas, invitas a otros a hacer lo mismo.
Recuerda: el propósito de la luz no es quedarse en un rincón. Es brillar, expandirse y transformar.
Así que la próxima vez que enciendas las velas de Janucá, míralas y pregúntate:
¿Cómo puedo ser esa luz para el mundo?
La respuesta está en ti. Ahora es tu turno. ¿Te animas a iluminar?

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