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No nos apoyamos en los milagros: Lo que Janucá tiene para enseñarnos sobre creer y actuar

¿Alguna vez has esperado que algo mágico o inesperado resuelva tus problemas? Puede que lo llames suerte, destino, o simplemente un milagro. Y, aunque es bonito imaginar que algo extraordinario podría ocurrir para cambiarnos la vida, ¿qué tan útil es realmente quedarse esperando? Vamos a hablar de esto. Te prometo que no es solo teoría,…

¿Alguna vez has esperado que algo mágico o inesperado resuelva tus problemas? Puede que lo llames suerte, destino, o simplemente un milagro. Y, aunque es bonito imaginar que algo extraordinario podría ocurrir para cambiarnos la vida, ¿qué tan útil es realmente quedarse esperando? Vamos a hablar de esto. Te prometo que no es solo teoría, es algo que puede cambiar tu forma de ver las cosas, sobre todo en esta época de Janucá.

Janucá y los milagros: Más que aceite y batallas

Todos conocemos las historias clásicas de Janucá. El milagro del aceite que debía durar un día pero iluminó el mundo por ocho. O la victoria improbable de los macabeos, un pequeño grupo de rebeldes judíos que derrotaron a uno de los ejércitos más poderosos de su tiempo. Estas historias inspiran, emocionan y, claro, nos llenan de orgullo. Pero el Talmud (sí, ese texto antiguo que está lleno de sabiduría práctica) nos deja una idea curiosa: “No te apoyes en los milagros” (Shabat 32a).

¿Qué? ¿No se supone que Janucá es precisamente sobre milagros? Aquí viene el giro: el Talmud no está desestimando los milagros, sino diciéndonos algo mucho más poderoso. Los milagros pueden ocurrir, sí, pero nuestra vida no debe depender de ellos.

¿Por qué no esperar un milagro?

Piénsalo un momento. Si pasas tu tiempo esperando que una fuerza externa resuelva tus problemas, te estás quitando la oportunidad de ser tú quien tome el control. Es como estar parado frente a una puerta cerrada y esperar que alguien venga a abrirla, cuando tú mismo podrías buscar la llave.

Esperar un milagro no solo nos hace pasivos, sino que, en cierto sentido, nos roba nuestro poder. ¿Y si el milagro está, de hecho, en tu capacidad de actuar?

El verdadero milagro: La acción humana

El milagro de los macabeos no fue solo que ganaron contra un imperio enorme, sino que decidieron pelear cuando todo parecía perdido. El milagro del aceite no habría ocurrido si alguien no se hubiera tomado la molestia de buscar ese pequeño frasco de aceite puro en primer lugar. ¿Ves el patrón? Los milagros, incluso los que nos parecen divinos, casi siempre empiezan con una acción humana.

¿Qué ganas tomando acción?

• Empoderamiento: Cada paso que das es una afirmación de tu capacidad.

• Confianza en ti mismo: El resultado importa menos cuando sabes que hiciste todo lo posible.

• Conexión: Actuar a menudo atrae ayuda inesperada. La acción inspira a otros.

¿Qué pierdes al esperar un milagro?

• Tiempo: El recurso más valioso que tenemos se escurre cuando no hacemos nada.

• Oportunidades: Muchas veces, lo que necesitas está a un paso de distancia, pero solo si te mueves.

• Propósito: Sentarse a esperar apaga esa chispa interna que te impulsa.

Reflexiona: ¿Qué milagro estás esperando?

Ahora, no te estoy diciendo que dejes de creer en milagros. Al contrario, te invito a creer que tú puedes ser el canal a través del cual ocurren. Piensa en un momento de tu vida en el que lograste algo increíble, algo que tal vez al principio parecía imposible. ¿Fue un milagro? Puede que sí. Pero apuesto a que empezó con una decisión, una acción, un primer paso.

Janucá, con su luz y su historia, es una oportunidad perfecta para reflexionar:

• ¿Qué milagro estás esperando en tu vida?

• ¿Qué podrías hacer hoy para acercarte a él, en lugar de quedarte esperando?

Tu vida, tu milagro

El Talmud nos recuerda que no podemos depender de los milagros porque, en el fondo, la vida misma ya es un milagro. Cada día, cada decisión, cada pequeño acto es una chispa que puede iluminar el mundo. Y si algo extraordinario sucede en el camino, será porque tú lo empezaste.

Así que esta Janucá, mientras enciendes las velas, haz una promesa contigo mismo: deja de esperar y empieza a actuar. Puede que el milagro que buscas esté más cerca de lo que piensas, pero solo si te atreves a dar el primer paso. Eso sí que sería un verdadero milagro, ¿no crees?

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