Te voy a contar algo que me cambió la vida. Era una de esas noches frías de diciembre en las que todo parece estar en pausa. Había terminado el día sintiéndome como un trompo que gira y gira, pero sin avanzar. ¿Te ha pasado? Sentí que algo faltaba, como si estuviera caminando en la oscuridad, buscando una luz que no sabía cómo encontrar.
Entonces recordé algo que mi abuela siempre decía: “Cuando no veas salida, enciende una vela y deja que el milagro te encuentre.” Sonaba bonito, ¿no? Pero, sinceramente, ¿un milagro? Yo era más de los que creían en “hazlo tú mismo”. Pero esa noche, me dejé llevar.
El Encendido: Más que Velas, Era un Ritual
Abrí la caja de velas de Janucá que había heredado (ok, robado de la cocina de mi mamá), busqué la menorá y coloqué la primera vela junto al shamash. Todo parecía tan sencillo, tan mecánico… hasta que encendí la primera llama.
De repente, algo cambió. Era como si esa pequeña luz estuviera diciéndome: “Oye, esto no es solo un fuego; soy la chispa que necesitas para recordar quién eres.” La llama no solo iluminó mi sala; iluminó un rincón de mi alma que había estado en sombras por mucho tiempo.
¿Por Qué Janucá Siempre Nos Habla?
Janucá no es solo sobre milagros antiguos. No es solo sobre un frasco de aceite que duró ocho días cuando debía durar uno. Es sobre tu propio milagro. Sobre encontrar esa fuerza interna que te hace creer cuando todo parece perdido.
Es como si la luz de cada vela te susurrara: “Hey, tú también puedes. Tú también puedes vencer tu oscuridad.” Y seamos sinceros, todos tenemos esa “oscuridad”, ¿no? La duda, el miedo, el “no puedo”. Pero Janucá llega y te dice que sí, que sí puedes.
El Momento en el que Todo Cambió
Ahí estaba yo, mirando la vela, cuando algo increíble ocurrió. No, no fue un ángel bajando del cielo ni un trueno místico. Fue un pensamiento sencillo, pero poderoso: ¿Y si este año dejo de esperar el milagro y empiezo a ser el milagro?
Y, no sé, algo en mí cambió. Me di cuenta de que no estaba solo en esta búsqueda. Cada vela que encendía era como un recordatorio: todos estamos aquí para iluminar el camino, no solo el nuestro, sino también el de otros. Eso es Janucá.
Lo que Aprendí de Esa Noche
1. La Luz Siempre Gana. No importa cuán oscura parezca la noche, una pequeña chispa puede transformarlo todo.
2. El Milagro Eres Tú. Las historias de milagros no son solo cosas del pasado. Cada día que eliges creer en ti, en otros, en el bien, estás creando un milagro.
3. Todos Tenemos Aceite Suficiente. Aunque pienses que no tienes fuerzas para un día más, ahí está el secreto: siempre hay más en ti de lo que crees.
Y Ahora Tú
Ahora te pregunto: ¿cuál es tu vela? ¿Qué necesitas encender para iluminar tu camino? No necesitas un milagro perfecto, solo una chispa. Una pequeña llama puede cambiarlo todo.
Esta Janucá, enciende tu luz. Porque, ¿sabes qué? El mundo necesita tu milagro. Y, quién sabe, tal vez esa vela que enciendes esta noche sea la chispa que estabas esperando.

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