Te libero, me libero: El ejercicio que puede cambiar tu vida en 15 minutos

¿Alguna vez te has quedado con algo atravesado en el corazón, esas palabras que nunca dijiste o ese perdón que no pediste? ¿Sientes que una parte de ti sigue atrapada en un recuerdo, un dolor o una relación que ya no existe? Si es así, quiero contarte sobre un ejercicio que me ha transformado y…

¿Alguna vez te has quedado con algo atravesado en el corazón, esas palabras que nunca dijiste o ese perdón que no pediste? ¿Sientes que una parte de ti sigue atrapada en un recuerdo, un dolor o una relación que ya no existe? Si es así, quiero contarte sobre un ejercicio que me ha transformado y que puede hacer lo mismo por ti.

No te voy a juzgar, porque yo he estado ahí. He sentido esa opresión en el pecho, esa necesidad de decir algo que ya no puede ser dicho cara a cara. Pero lo que aprendí, como paciente y terapeuta, es que no necesitas esperar un milagro ni una máquina del tiempo para liberarte. Solo necesitas dos sillas y un poquito de valor.

¿Qué puedes ganar?

• Paz mental: Esa calma que te falta cuando todo está dicho, aunque sea en tu imaginación.

• Libertad emocional: Soltar el peso de lo no resuelto y dejar espacio para algo nuevo.

• Conexión espiritual: Un profundo sentido de cierre, aunque la otra persona ya no esté físicamente contigo.

El ejercicio paso a paso

1. Consigue dos sillas. Coloca una frente a la otra en un lugar tranquilo. Una para ti y una para la persona con la que necesitas hablar.

2. Siéntate y cierra los ojos. Respira profundo y visualiza a esa persona en la silla de enfrente.

3. Di lo que necesitas decir. Este es tu momento para soltarlo todo. Arrepentimientos, tristezas, agradecimientos. No te guardes nada.

4. Imagina su respuesta. Visualiza cómo esta persona te habla desde un lugar de amor, dándote las palabras que necesitas escuchar.

5. Despídete. Hazlo desde el corazón, sabiendo que este cierre es para tu bien y el de la otra persona.

¿Por qué funciona?

Energéticamente, todos estamos conectados. Cada vez que te aferras a un resentimiento, una culpa o un amor no correspondido, esa energía no solo te afecta a ti, también afecta a la otra persona, incluso si ya no está en este plano físico. Al liberar estas emociones, ambos encuentran alivio, como si cortaras una cuerda que los mantiene atados al pasado.

Este ejercicio no es magia, pero es profundamente poderoso. Muchas veces, los mejores cambios en la vida ocurren en el silencio de tu mente y en el espacio de tu corazón.

¿Qué puedes perder?

• El peso de lo no dicho. Ese nudo en la garganta que llevas por años.

• El resentimiento. Porque soltar no es justificar, es liberarte.

• El miedo a enfrentarte a tus emociones. Porque al final, enfrentarlas te da más fuerza de la que imaginas.

Mi experiencia personal

La primera vez que hice este ejercicio fue con un amigo de la infancia con quien terminé en malos términos. Había cosas que no pude decirle antes de que falleciera, y eso me pesó por años. Cuando finalmente me senté frente a esa silla vacía, sentí que me rompía en mil pedazos. Pero después de decirlo todo, de imaginar su perdón y su sonrisa, algo dentro de mí se acomodó. No había vuelta atrás, pero tampoco hacía falta. Yo era libre.

Te toca a ti

Sé que dar el primer paso puede dar miedo. Pero piensa en todo lo que puedes ganar: paz, ligereza, espacio para nuevas historias. Este ejercicio no requiere nada más que tu disposición a sanar. Y créeme, tu alma te lo agradecerá.

Te libero, me libero. Estas palabras tienen un poder que solo tú puedes descubrir. ¿Qué esperas para intentarlo?

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