Imagínate en el tercer día después de un gran sacrificio. Sientes dolor, pero ahí estás, esperando en la puerta de tu casa, deseando que alguien pase para ofrecerle hospitalidad. Así estaba Avraham, un hombre de 99 años que, en lugar de guardarse para sí, quería dar y compartir, incluso en medio de su propio sufrimiento. ¿Por qué? Porque había aprendido algo poderoso: cada vez que damos, sin importar nuestro dolor, la Luz llega a nuestra vida para sanar.
¿Te has puesto a pensar cuánto podrías ganar con esta actitud? La historia de Avraham en la Parashat Vaiierá no es solo una narración de hace miles de años; es una invitación a vivir de forma más plena. Nos muestra que, cuando salimos de nuestra zona de confort para ayudar a otros, despertamos algo increíblemente positivo en nuestra vida. Avraham no estaba enfocado en su dolor, en el calor del desierto ni en su propia incomodidad; él solo quería ayudar a alguien más. Esta lección nos lleva a ver que, al preocuparnos por otros, también atraemos la fuerza de la misericordia para nosotros.
Ahora, sé que esto suena intenso, pero en serio, ¿quién no se siente bien cuando hace algo por alguien más? Lo impresionante es que, según esta historia, el dar desinteresadamente no solo nos hace sentir bien, sino que también abre puertas para que la Luz llegue y transforme cualquier energía negativa en algo positivo.
Pero aquí viene lo más interesante: esta historia no termina en un simple acto de amabilidad. En su dolor, Avraham fue visitado por tres ángeles. Estos no eran cualquier visitante; traían bendiciones y protección. ¿Te imaginas recibir esa clase de energía? ¡Es como si el universo mismo recompensara cada acto de bondad! No es solo teoría; estamos hablando de protección real contra el caos. Esta historia nos dice que, cuando estamos abiertos a ayudar, también estamos más protegidos de las malas vibras y de los juicios severos que pueden aparecer en nuestro camino.
¿Y si te dijera que esta es solo una parte de la enseñanza? El Zóhar, uno de los textos sagrados de la Kabbalah, nos cuenta que este tipo de actos de bondad también tienen el poder de protegernos colectivamente, algo que necesitamos mucho en estos tiempos de incertidumbre. Cuando te das cuenta de que cada pequeño acto de bondad cuenta, empiezas a ver tus interacciones diarias de otra manera. Tal vez es la conexión que necesitas para mejorar tu vida y ayudar a los demás en el proceso.
¿Y qué hay del ego? Aquí es donde se pone interesante. Si alguna vez has sentido que tus deseos y tu “yo” están por encima de todo, esta historia tiene una enseñanza increíble. A través de actos desinteresados, reducimos ese ego que tanto nos limita. No es que dejemos de ser nosotros mismos; más bien, encontramos un equilibrio entre nuestro deseo de recibir y el deseo de compartir. Rav Zusha, un gran sabio, solía decir que no temía que en el cielo le preguntaran por qué no era como Avraham, sino que le preocuparía que le preguntaran por qué no alcanzó el nivel que él podía. Y esto aplica para todos: la idea no es compararnos, sino desarrollar nuestro propio potencial espiritual.
Así que la próxima vez que tengas la oportunidad de ayudar a alguien, sin pensar en lo que recibes a cambio, ¡hazlo! No sabes cuánta Luz puedes atraer a tu vida solo con eso. Y si te preguntas si todo esto tiene un impacto real, solo recuerda: incluso el Rey David, de quien descendía la línea del Mesías, surgió de una historia difícil y llena de retos. Nos recuerda que hasta en las peores circunstancias podemos encontrar luz y propósito.
Este mensaje es para todos: vivir en conexión, en compasión y con el deseo sincero de hacer un bien al otro, nos eleva. Y, ¿qué ganas? Más de lo que crees: paz, claridad y un escudo espiritual que te protegerá a ti y a quienes amas.

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