¿Te ha pasado que sientes que te falta algo, como si una parte de ti estuviera desconectada, atrapada en el ir y venir de la rutina? Vivimos rodeados de pendientes, de cosas que hacer, metas que cumplir, y es fácil que el mundo espiritual pase a segundo plano, casi como si no hubiera espacio para él en esta vida tan llena de todo. Pero, ¿y si te dijera que alguien, hace miles de años, ya encontró la clave para vivir en paz entre lo material y lo espiritual, sin tener que renunciar a ninguno de los dos?
Hablemos de Abraham, este personaje que, según el Zohar, encontró el equilibrio perfecto entre el cielo y la tierra. Al salir de Egipto, Abraham ya no veía el mundo igual; había cambiado, había entendido que era posible vivir rodeado de lo material sin perder su conexión con lo divino. ¿Y cómo lo logró? Bueno, Abraham encontró una manera de hacer que el mundo espiritual y el mundo físico caminaran de la mano.
¿Por qué importa el equilibrio?
La realidad es que a muchos nos pasa que, cuando intentamos crecer espiritualmente, sentimos que tenemos que hacer un sacrificio enorme: “debo renunciar a esto”, “tengo que dejar de hacer aquello”, como si ser espiritual significara despojarse de todo. Y claro, luego viene la frustración, el cansancio, y al final acabamos abandonando.
Aquí es donde la historia de Abraham nos da una lección poderosa: no tienes que renunciar a lo que amas o a lo que te rodea para conectar con algo más grande. Puedes vivir en este mundo, disfrutar de tus logros, tus relaciones, tus experiencias, y al mismo tiempo construir una conexión espiritual profunda. No se trata de elegir uno u otro, se trata de encontrar una manera de que ambos existan en equilibrio.
El secreto de los altares
El Zohar cuenta que, en su camino, Abraham levantaba altares en distintos lugares. No eran simples piedras apiladas; cada altar era una forma de recordar su conexión con lo divino. Eran símbolos de su deseo de vivir con propósito, de no perderse en lo superficial y recordar, en cada paso, lo que realmente importaba. Y no, no es que tú tengas que levantar altares de piedra para hacer lo mismo, pero ¿qué tal crear tus propios “altares” de una forma más actual?
Tus altares pueden ser cualquier práctica que te haga sentir conectado, que te recuerde que hay algo más allá de lo inmediato. Puede ser un momento de meditación, una caminata en silencio, escribir en un diario, o incluso unos minutos de respiración profunda al empezar el día. Cada uno de esos “altares” que construyes es un escalón en tu propio camino hacia el equilibrio. Porque nuestra esencia no está en lo que poseemos, sino en lo que somos.
Lo que puedes ganar o perder
Piénsalo así: si logramos ese equilibrio entre lo material y lo espiritual, ganamos algo inmenso: paz. Paz de saber que estamos donde debemos estar, que no estamos perdiendo nada al trabajar o disfrutar de los placeres de la vida, porque en nuestro corazón llevamos un propósito firme. Y, en términos prácticos, también ganamos algo más: menos estrés, menos sensación de estar fragmentados, divididos entre lo que queremos hacer y lo que creemos que debemos hacer.
Pero si no logramos ese equilibrio, corremos el riesgo de perdernos en un extremo o en el otro. Puede que acabemos sumergidos en el materialismo, olvidándonos de que hay algo más profundo, algo que nutre el alma. O, por otro lado, podemos estar tan enfocados en lo espiritual que acabamos descuidando nuestro bienestar en este mundo, nuestras metas y relaciones, y la vida misma se convierte en un peso.
Construye tu propia vida con propósito
Abraham nos enseña que la verdadera conexión espiritual no depende de escapar de este mundo, sino de construir una vida con propósito dentro de él. En cada paso, en cada lugar, él dejó un recordatorio de su fe, de su deseo de estar en paz con ambos mundos. Y eso es algo que todos podemos hacer. No importa cuán ocupados estemos o cuántas responsabilidades tengamos; siempre hay espacio para construir un “altar” y recordarnos quiénes somos realmente.
Así que, la próxima vez que sientas que necesitas desconectar, que el mundo pesa demasiado, o que te falta algo, prueba a crear tu propio “altar”. Tómate un momento para respirar, para conectar contigo mismo, y recuerda: puedes vivir en el mundo físico sin perderte en él. Puedes disfrutar de tus logros y metas, mientras mantienes una parte de ti anclada en lo espiritual.
La lección de Abraham es para ti y para mí, para todos los que buscamos un equilibrio que nos haga sentir completos. ¿Te animas a intentarlo?

Deja un comentario